jueves, 20 de junio de 2013

EL MITO, LA PRIMERA "FILOSOFÍA"

           Qué hubo antes de lo algunos llamamos "filosofía" es un tema que,
los dioses, primera forma de explicación
aunque muchos piensen que nadie ha pensado antes, en la distancia de lo nebuloso histórico, se ha pensado y mucho. Cuando era estudiante y comencé mis estudios de la filosofía, siempre se comenzaba por la explicación de como la cultura griega se había convertido en la depositaria del nacimiento del pensamiento especulativo y, por lo tanto, de la idea deformada que transmite lo que se llamó "el milagro griego", es decir, antes de los griegos nadie pensaba abstracta o científicamente y, en todo caso, se desarrollaba un tipo de pensamiento abstruso, incompleto y absurdo, una forma de pensar que se perdía en la lírica de las eṕocas arcaicas o en la oscuridad de la prehistoria. Este concepto del "milagro griego" quedó desautorizado por el pensador existencialista Karl Jaspars y su teoría del "tiempo axial".
           ¿Porqué se creía en el "milagro griego"?. La culpa de todo la tiene Yoko Ono, eso ya se sabe, pero de eso en concreto la tiene G. W. F. Hegel, que planeó una tendencia hermenéutica neoclasicista y deformada de lo griego como algo sublime y civilizado que los alemanes habían heredado. Una imagen falsa que incluso infectó campos como la historia, la arqueología o la filología. No sería hasta el trabajo como filólogo de Nietzsche que comenzara a cambiarse de opinión.
            ¿Qué es mito? la palabra "mithos" viene a traducirse como "narración" y solemos asimilarla a "cuento" o "historia", donde se proporciona una respuesta a las preguntas sobre el origen del universo, del mundo conocido y del desconocido, del origen del hombre y de todo su universo simbólico, ético y su limitado conocimiento, además de la genealogía de los dioses, paralela a la de los hombres, sus intervenciones en el mundo humano y su en las dinámicas de la naturaleza. Los dioses van a jugar el papel de motorizar y dar razón a los procesos de la naturaleza que van a ser percibidos como sujetos al animismo o la teología.
            El mito fue la "primera filosofía" registrada que tuvo la humanidad
Genealogía de Hesíodo
anterior a la filosofía especulativa, se caracteriza por ser un tipo de pensamiento que, siempre ha existido y que evidentemente proporciona una respuesta a las inquietudes humanas que siempre han estado ahí y exigen una tranquilidad y el intento de adaptarse al enfrentamiento del hombre con una naturaleza incontrolable y hostil. El mito, como la filosofía posterior, da un sentido a la vida, sin embargo sus propuestas son infantiles, ingenuas, acientíficas, extremadamente abstractas, profundamente enraizadas en la religiosidad de la época y tan desorganizado como la religiosidad en la que se fundamenta. En el mito, la acción de los dioses y su intervención en la naturaleza y en el mundo de los hombres es constante e inesperada, ilógica o sujeta a una lógica que sólo los dioses conocen y que ni los mismos sacerdotes ignoran o son capaces de interpretar.
        Así las fuerzas de la naturaleza están "personalizadas" por los dioses que, como decía Horacio "sufren de la misma indecisión y estupidez que los humanos". A juicio de penadores presocráticos como Jenófanes y más posteriormente Ludwig  Feuerbach, Karl Kereyi o Carl Jung, filósofos y mitólogos respectivamente, el hombre arcaico, antiguo, y en general de cualquier época, se proyecta en los mitos y en los dioses, proyectando simultáneamente todas sus miserias y defectos. Por ejemplo Poseidón, deidad griega de los mares, otorgaba a la azarosa hostilidad que sufrían los marinos griegos un sentido. El dios nórdico Thor, dios del trueno, desencadenaba una descomunal tormenta cada vez que su hermano Loki, el dios de la astucia, le robaba el martillo, ya que para recuperarlo, Thor debía ejecutar una acción humillante para un varón nórdico, es decir, vestirse de mujer y, con sus cabellos rubios, "engatusar" a Loki para recuperar el objeto perdido.
      El mito es un pensamiento intensamente supersticioso, donde gobiernan dos conceptos que forman la base de lo religioso, por una parte el concepto de "Hado" o el "destino" inexorable que ha sido decidido por los dioses y del que el hombre no puede escapar (idea que se heredará en el concepto del "pecado" cristiano que tarde o temprano se cobra un precio) o el concepto de "hybris" o "desmesura", es decir el acometimiento de un acto que desborda las normas sociales de la tribu o la casta, un acto tan reprobable que entra dentro del ámbito del tabú.
      El mito no admite una lectura literal, y si esta se realizara, no resultaría más gratificante que la lectura de un cuento infantil con tintes fantásticos. El mito exige una lectura profundamente hermenéutica, donde los elementos simbólicos, que son todos, y que pueden ser explícitos o implícitos, por su carácter escondido o velado, deben ser analizados cuidadosamente y explicados, examinando, no sólo su sentido en el contexto del mundo arcaico al que pertenecen, sino como se reflejan  y se pueden aprovechar en el contexto de nuestro mundo. Esto indica que el mito, como forma de conocimiento que ha proporcionado y nos proporcionan un sentido en el mundo, es un saber universal y abierto a, lo que el filósofo alemán Hans-Georg Gadamer llamó, el "círculo hermenéutico", es decir, un texto (mitológico, filosófico, literario, científico, etc...) tiene potencial interpretativo mientras exista un lector que lo asimile, un contexto histórico donde se da y la interacción de estos elementos con la historia. Aquí reside la utilidad del mito, nos ensaña algo desde lo simbólico, apelando a una dimensión estética y ética del ser humano, saltando poéticamente, en muchas ocasiones, la dimensión racional.
           El mito no está muerto y no puede estar muerto, aunque para nuestro contexto histórico actual, neoliberal, tecnológico e instrumentalista esté descalificado y autorizado. Para muchos, nada o casi nada se podía aprender de las propuestas mentales mitológicas de los más antiguos, que vienen a representarse como torpes niños que apenas balbuceaban dos o tres palabras fruto del asombro de lo ignoto y de un miedo irracional. Nada de esto es cierto. Como dirían algunos presocráticos, "la nada nada genera y lo semejante atrae a lo semejante". Esta sentencia, aplicada al pensamiento, demuestra desde lo intuitivo que, en primer lugar, el pensamiento no se genera en el vacío, sino en el milagro de la mente de la humanidad, en un soporte creativo inmensamente rico, en segundo lugar, basta una lectura detallista para comprobar que se da una continuidad entre el mito y la primera filosofía presocrática donde abundan los elementos mitológicos pero "suavizados".
      El proceso por el que el mito, como pensamiento acientífico e ingenuo, es "sustituido" por la filosofía, como pensamiento especulativo y abstracto, se denomina "paso del mito al logos" (proceso al que dedicaremos su propia entrada en el blog), pero esa "sustitución" nunca fue total y completa. El mito sobrevivió y sus elementos han estado presente en muchos aspectos de la filosofía antigua, medieval, moderna e incluso en la ciencia de vanguardia de hoy o en el contexto social más cotidiano de hoy. Por ejemplo, en la filosofía presocrática el "argé" como elemento rector radical de la naturaleza o "physis", en muchos casos,  tiene matices mitológicos por su conexión con las divinidades arcaicas. Así el uso del "agua" como "argé" que hace Tales de Mileto demuestra sus conexiones con la admiración mitológica que la cultura egipcia antigua poseía y donde, curiosamente, Tales se formó como pensador. El concepto de "pneuma" o "aliento que da vida" que utiliza Anaxímenes también poseé lecturas animistas que rayan lo religioso. ¿Qué decir del "demiurgo" que Platón instrumentaliza para realizar su cosmogonía y cosmología descrita en el diálogo "Timeo"? Incluso el Primer Motor de Aristóteles tiene unos matices tan divinizantes que será sintetizado por Santo Tomás de Aquino como el mismo Dios judeo-cristiano. Vamos más allá en el atrevimiento, incluso la teoría del BigBang contiene matices que oscilan con el concepto de la creación "ex nihilo", propio de la mitología semítica. Existen miles de ejemplos.
      Cada cultura definida en sí misma tiene sus propios mitos y en la cultura
Homero prisionero
judeo-cristiana existen dos fuentes fuertes mitográficas que nos han influido, la mitología semítica, que podemos leer en el Antiguo testamento y los mitos griegos que asimilamos por defecto como los únicos mitos occidentales, otro error muy común. Aunque más adelante abordaremos los mitos judeocristianos, nos centraremos en la mitología griega que se nos ha enseñado clásicamente. Los padres académicos del mito son dos, o así se suele explicar a los alumnos, son Homero y Hesíodo.
     Homero es uno de los grandes misterios mitológico, filológicos y filosóficos de nuestro patrimonio cultural. Cualquier persona que quiera afirmar que tiene "cultura", tiene que leer la obra de Homero y asimilar sus enseñanzas.Para empezar, no sabemos quién fue Homero, si fue un sólo autor o si fueron varios que, o usaron un pseudónimo o un "nombre común" obligados al anonimato. El término "Homerós" podría traducirse como "rehén" o "prisionero" y obedece a la "civilizada" costumbre de los griegos aqueos que perdonaban la vida a aquellos prisioneros alfabetizados que eran obligados a narrar las gestas de los vencedores. ¿Pudo o pudieron ser un grupo de prisioneros que sobrevivieron a la conquista de Ilión o Troya? si fueron más de uno o muchos también se habla de los "homeridai" o "hijos de rehenes", que cumplían con el citado cometido.
        Sin embargo la tradición parece que tira por otra dirección. "Homerós"
Homero ciego
podría obedecer a un juego de palabras, "ho me horón", que podría traducirse como "el que no ve" y que remite a un solo autor que sería ciego. El Homero que nos ha legado la tradición y que contemplamos en los bustos silenciosos de  las culturas griegas y romanas que, evidentemente, no lo conocieron. Sobre su cuna de nacimiento nada se sabe porque  se atribuyen el mérito demasiados lugares, por ejemplo Quíos, Esmirna, Colfón, Atenas... incluso Ítaca, lugar que determinó la Pítia, suma sacerdotisa del Oráculo de Delfos (toda una garantía), por lo que deducimos que su tumba cuenta con el mismo privilegio del anonimato geográfico.
           Su obra incluye "Ilíada", "Odisea", "Batramiomaquia", "Margites" y los "Himnos homéricos". Su obra está escrita en verso y, por esta razón, a los productores de mitos se les encasilla como "poetas" o "aedos", término que en siglos posteriores, ya con la filosofía especulativa instalada en la mentalidad griega, se usó para descalificar textos de endeble contenido intelectual. Muchos fueron los que denostaron la labor de los poetas, por ejemplo Heráclito de Éfeso decía que "había que azotarlos", algo contradictorio cuando él mismo usaba y abusaba del lenguaje poético, o el mismo Platón, que cargó contra los poetas en muchas ocasiones dentro de sus diálogos, curioso también cuando uso el mito y la alegoría como vehículo explicativo, llamándolo el "rumor", capaz de llegar allí donde la razón especulativa no llega. Y ¿qué decir de Parménides de Elea y su famoso poema (de versos hexamétricos) llamado "Sobre la naturaleza? La poesía no queda descalificada, al contrario, demuestra su autoridad como forma de transmisión de ideas o al menos de un determinado tipo de ideas y Homero es la primera autoridad.
        Mientras la exposición y el desarrollo del corpus mitológico griego en la
Busto de Hesiodo
obra de Homero es desorganizada, poco coherente y estructurada, ese no es el problema de la segunda autoridad mitológica de la antigüedad, Hesíodo. La obra de Hesíodo es tan estructurada que implica una intención ensayística tras ella, por lo que muchos la consideran el primer destello de organización mental especulativa de la historia griega, antes incluso que Tales de Mileto.  Es el caso de la "Teogonía", donde se estructura la genealogía de los dioses helenos. Hesíodo no narra literariamente como en un cuento, sino que expone estructurada, casi científicamente, sirviendo de inspiración a los mitógrafos contemporáneos.  Parece que nació en Ascra y su obra reconocida contiene "Los trabajos y los días", "Teogonía" y "El escudo de Heracles", además de una enorme panoplia de fragmentos.
       Estudiosos sobre el mito son muchos, pero destacan sólo unos pocos por lo exhaustivo y lo correcto de sus aproximaciones explicativas. Es el caso de, por ejemplo, el especialista en Nietzsche,  Giorgio Colli, que tiene tres magníficos volúmenes publicados en editorial Trotta que analiza (bilingüe del griego).
         Karl Kerenyi es otro especialista en mitos y exégesis de cultura arcaica
Obra de G. Colli
cuya obra resulta muy significativa ("En el el laberinto" en editorial Siruela) junto con sus colaboraciones con Carl Jung, que desde el campo de la psicología profunda, han proporcionado al mito el papel de elemento capaz de proyectarse como herramienta interpretativa de lo antropológico a nivel consciente e inconsciente, personal o colectivo.
    ¿Dónde sobreviven los mitos hoy? Desde luego el mito no ha muerto, para muchos especialistas sobreviven como parte del folclore y de los cuentos que se generan en nuestra cultura. Se podría considerar que toda la producción literaria de los cuentos del romanticismo, desde las leyendas de Bequer hasta los cuentos de Hoffmann  o la recolección de tradiciones orales que realizan Jacob y Wilheim Grimm en sus conocidos cuentos. Los cuentos infantiles han sido analizados por especialistas que varían desde la filología, por ejemplo Vladimir Propp y sus estudios sobre los cuentos hasta la "Psicología de los cuentos de hadas" de Brunno Bettleheim. El escritor de los
movimientos contraculturales norteamericanos, Ken Kesey, autor de "Alguien voló sobre el nido del cuco", aseguraba que los modernos mitos de nuestra cultura de masas son los héroes de los comic-book y si aplicamos la máxima de Horacio "muéstrame un héroe y te mostraré una tragedia", podemos comprrobar que los modernos superhéroes tienen una existencia digna de la trágica experiencia de la vida del mismo Hércules (de hecho Hércules tuvo su versión "cómic" para la editorial Marvel), sino comprobemos la peripecia de "Spiderman", el popular "hombre-araña". Peter  Parker es un anodino adolescentes que sufre el "bulling" de sus compañeros de instituto, un día recibe el don sobrenatural (divino) de los poderes de una araña radioactiva. Sin saber muy bien qué hacer con ese don, decide enriquecerse participando en combates de lucha libre, ocultando su identidad. Tras uno de esos combates, ve como huye un ladrón que ha robado la recaudación del combate y no hace nada para impedirlo. Entonces cual intervención del destino inexorable o Hado, ese mismo ladrón mata a su tío Ben, que le había adoptado de niño. Sólo entonces, y a requerimiento de su tío moribundo,
Peter Parker ve morir a su tío Ben
decide convertirse en el héroe que todos conocemos. Si analizamos este moderno mito vemos los elementos del mito clásico del héroe que son el destino, la experiencia trágica de la vida, el don sobrenatural, etc, ecos que nos recuerdan a Ayax, Edipo, Herácles.

martes, 18 de junio de 2013

TALES DE MILETO, "EL DEL AGUA"

           Está lloviendo y la lluvia, con esa cadencia tan monótona y nostálgica,
Busto atribuido a Tales de Mileto
me ha recordado a Tales y la anécdota que cuenta el historiador de la filosofía e ingeniero, Lucianno Crescendo, en su obra "Los filósofos presocráticos". Crescendo fue uno de los historiadores con los que me inicié en esto de la filosofía. Fue lectura de bachillerato,  el libro nos lo pasabamos furtivamente entre los colegas de la pandilla, como quien se pasa un tesoro que no quiere compartir con otros, y eso era, y es,  porque se trata de un libro con el que uno de descojona a gusto con la vida y las ideas de los filósofos. Cuenta Crescendo que cuando era estudiante como nosotros y estudiaba la asignatura de filosofía, inevitablemente (esto es una condición de la adolescencia) tendía a hacer resúmenes de los resúmenes, para colmo usando un texto que circulaba entre los estudiantes, que era a su vez un resumen de los manuales a uso. Pues después del proceso menguante del resumen del resumen, se descubrió a sí mismo estudiando un esquema de los pensadores presocráticos que decía "Tales, el del agua".
        La verdad es que el resumen de Crescendo no puede ser más cabal ya que sobre Tales se sabe poco o nada historiográficamente y lo único que se podría afirmar con cierta autoridad es precisamente eso, "Tales, el del agua". Y ni siquiera el  del agua por que nunca se mencionó ese elemento.
      A Tales se le considera el "santo patrón" de la filosofía o, si quieren ustedes , su "socio fundador" ya que no hay registro escrito de filósofos anteriores. Bueno, eso es discutible por varias razones, primero porque pensar se ha pensado siempre y por otra parte, los doxógrafos ( o los "cotillas" de la historia, sobre todo de la historia de la filosofía) han contado que Tales viajó por el entonces mundo conocido y aprendió de otros, anónimos "filósofos" que le proporcionaron una serie de herramientas que parece que utilizó para describir el mundo, sobre todo sacerdotes egipcios, aunque hay quien dice que también caldeos. La fuente doxográfica de la que hablo es, claro está, Diógenes Laercio, una especie de Jesús Mariñas de la antigüedad romana, que cuenta esto desde una distancia histórica de casi medio siglo, por lo que su testimonio deja mucho que desear.
      A Tales se le clasifica dentro de los presocráticos como monista materialista y, como todas las clasificaciones, ésta resulta inadecuada y reduccionista. Los pensadores presocráticos son un auténtico puzzle o mosaico de ideas, teorías y propuestas, sin embargo, parece que todos tienen en común una serie de intenciones, por ejemplo, todos tratan de entender y describir la realidad con argumentos moderadamente racionales, aunque no exentos de ciertos contenidos mitológicos. Para los presocráticos, en bloque, la naturaleza o "physis" sufre un proceso de cambio o corrupción, denominado "dynamis", que también se traduce por "movimiento". El movimiento o cambio de la naturaleza se manifiesta al ser humano como "apariencia", algo que por su carácter cambiante nos impide que podamos conocerlo. Pues bien, para los presocráticos, esa naturaleza cambiante posee un "principio" que subyace y se mantiene bajo la "apariencia" con que se manifiesta como fenómeno. A ese "principio" lo denominan "argé" (que también se traduce como "principio". Cada presocrático tiene su personal opinión sobre qué es el "argé" de la "physis" y cómo se desarrolla la "dynamis", y la herramienta que permite elaborar esas opiniones es la "razón" o "logos". De esta manera, los historiadores han desarrollado una tabla clasificatoria que va más o menos así:

Monistas: un sólo "argé"
Pluralistas: dos o más "argés"
Materialistas: "argé" material.
Racionalistas: "argé" inmanente a lo material pero sólo concebible a través de la razón o "logos".

      Tales, según Aristóteles y Diógenes Laercio, estaría dentro del monismo materialista, ya que determina que la "physis" o naturaleza, tiene como elemento radical, esto significa que la más íntima esencia o raíz a la que se remite, es un único elemento material que, cita Aristóteles, es "el agua o lo húmedo", mientras que Diógenes Laercio  cita, es "el agua". Para andar por casa se dice que el agua, pero los profesores más serios nos quedamos con lo húmedo.
      La verdad es que no se sabe si Tales dijo lo uno o lo otro porque apenas existen escritos suyos. De Tales tenemos un brevísimo fragmento, propio de él, o eso dicen los especialistas y  dos fuentes procedente de terceros que cuentan cosas sobre su filosofía y su vida. El aval de sus ideas es, nada menos, que Aristóteles, que al inicio de su obra "Metafísica" habla de los "físicos" (los que estudiaron la "physis"), refiriéndose a una parte de los pensadores presocráticos, sobre todo materialistas, que son presentados como un antecedente de su propio materialismo aristotélico, entre ellos el bueno de Tales.

Así lo cuenta Aristóteles:

       "La mayor parte de los primeros que filosofaron, no consideraron los principios de todas las cosas, sino bajo el punto de vista de la materia. Aquello de donde salen todos los seres, de donde proviene todo lo que se produce, y adonde va a parar toda destrucción, persistiendo la sustancia la misma bajo sus diversas modificaciones, he aquí, según ellos, el elemento, he aquí el principio de los seres."
     "Tales, fundador de esta filosofía, considera el agua  como primer principio. Por esto llega hasta pretender, que la tierra descansa en el agua; y se vio probablemente conducido a esta idea, porque observaba que la humedad alimenta todas las cosas, que lo caliente mismo procede de ella, y que todo animal vive de la humedad; y aquello de donde viene todo, es claro, que es el principio de todas las cosas. Otra observación le condujo también a esta opinión. Las semillas de todas las cosas son húmedas por naturaleza; y el agua es el principio de las cosas húmedas."

     Aristóteles incluso saca a relucir la conexión mitológica:

       "Algunos creen, que los hombres de los más remotos tiempos, y con ellos los primeros teólogos muy anteriores a nuestra época, se figuraron la naturaleza de la misma manera que Tales. Han presentado como autores del universo el Océano y a Tetis, y los dioses, según ellos, juran por el agua, por esa agua que los poetas llaman el Stigio. Porque lo más antiguo que existe es igualmente lo que hay de más sagrado; y lo más sagrado que hay es el juramento. ¿Hay en esta antigua opinión una explicación de la naturaleza? No es cosa que se vea claramente. Tal fue, sin embargo, por lo que se dice, la doctrina de Tales sobre la primera causa."
(todos los fragmentos de Aristóteles extraidos de "Metafísica", libro primero, Α, 980a-993a, Editorial Gredos)

    Sobre el fragmento de Tales, este no puede ser más críptico, incompleto y descontextualizado, por lo que hacer interpretación de sus palabras no sólo es atrevido sino peligroso, lo que significa que su abanico hermenéutico es lo suficientemente amplio como para manipularlo. El fragmento dice textualmente:

                                    "Todo está lleno de dioses"
("Fragmentos presocráticos", trad. Alberto Bernabé, Alianza Editorial)

      A mí me recuerda a una de las últimas frases que dice el mítico

astronauta de la película de Stanley Kubrick "2001, una odisea en el espacio", ya saben, el astronauta Bowmann dice:

                                    "Todo está lleno de estrellas"

           Aquí la clave está en el término "dioses". Hay que ir a la versión griega
El astronauta Bowmann
original para ver de que se trata ya que, en una primera interpretación literal, caemos en la tentación de declarar un politeísmo inmanente en el mundo natural, lo que no supondría un cambio demasiado significativo conforme a las explicaciones de la cultura griega arcaica, donde el mito narrativo es la principal vía explicativa. No es de extrañar la posición del especialista alemán Werner Jaeger (nada que ver con Mick) que  catalogó a estos pensadores, sobre todo los primeros presocrático, como "teólogos de la naturaleza", contribuyendo a la confusión interpretativa.
        Cómo traducir "dioses" o "dios" es importante y si empleamos la voz "Theos", de donde deriva el término "Dios", con su significado original griego, la cuestión cambia sustancialmente y nunca mejor dicho. Traduciremos "Theos" como "principio", que es el uso lingüístico que le da Aristóteles al término que, curiosamente, siglos más tarde va a adoptar del uso milesio (¿copia, plagio? en la historia de las ideas no hay nada nuevo bajo el sol). Podríamos entender entonces que:

                                   "Todo está lleno de principios"
   
   ¿Y qué interpretamos? algo mucho más racional y cualitativamente más científico que las valoraciones mitológicas. Estaríamos ante un juicio puramente elaborado por la razón y sin influencias teológicas; Tales vendría a admitir que todos los elementos del mundo natural contienen en sí mismos unos principios rectores que, por organizativos, tienen que ser forzosamente racionales, y dado que se encuentran ya en la naturaleza, el ser humano racional puede conocer a esta. Esto tiene otras consecuencias epistemológicas. La naturaleza contiene la razón y es la razón al mismo tiempo y la única actividad racional humana consistiría en "sacar esa razón de la naturaleza", lo que Aristóteles describirá como el proceso de abstracción en el que el sujeto percibe la formas en las cosas.
     Al mismo tiempo todo ente natural tendría su razón última en un elemento natural y material, que sería el "agua" o lo "húmedo".

    Pero no nos podemos detener ahí, porque sobre Tales se saben más cosas desde la doxografía que desde la historiografía. Y los doxógrafos no sólo cuentan anécdotas de su vida, que son bien jocosas, sino cuestiones científicas que, por su carácter atributivo, rayan lo apócrifo.
   Ya la confusión comienza con su origen que se dice era fenicio, el caso es que sería fenicio de madre pero griego de padre, por lo que consiguió la ciudadanía milesia sin estrictamente serlo. También se dice que fue funcionario público o lo más parecido a lo que se daba en la época y que dejó la función pública para dedicarse al estudio de la naturaleza, todo un modelo filosófico. Fue requerido como consejero y embajador para detener la guerra entre  Ciro y Mileto, consiguiéndolo. Sus primeras investigaciones parece ser que fueron sobre astronomía y se le atribuyen logros como determinar la trayectoria del Sol sobre los trópicos y  la comparación de las magnitudes entre el Sol y la Luna. Se le atribuye la invención de los meses del año y del cálculo astronómico del año de 375 días, si, han leído bien, 375. También se cuenta que fue autodidácta, aunque viajó  Egipto y allí fue formado por los sacerdotes egipcios; precisamente fue allí donde se dice que logró medir la altura de la gran pirámide de Keops observando la sombra que esta proyectaba. Tal vez allí adquirió esa apasionada idea que dice que todo es agua, en una cultura como la egipcia que aprecia el agua como elemento motor de toda vida.
         Una de las ideas matemáticas más básicas y famosas es el famoso
Tales, padre de la geometria
"teorema de Tales" que, en realidad son dos,

El primero dice:
"Si en un triángulo se traza una línea paralela a cualquiera de sus lados, se obtiene un triángulo que es semejante al triángulo dado."

El segundo dice:
 "Sea B un punto de la circunferencia de diámetro AC, distinto de A y de C. Entonces el triángulo ABC, es un triángulo rectángulo."

           Se le atribuye también un primer modelo cosmológico, es decir, una
Modelo cosmológico de Tales
construcción intelectual que describe el universo. A juicio de Tales, el universo sería finito y esférico y en su centro estaría la tierra flotando en agua, claro está, girando la Luna y el Sol en torno a estas.
        Su nombre figura en la famosa lista de "Los siete sabios" de Grecia, cada uno con su máxima, son Cleóbulo de Lindos "la moderación es lo mejor", Solón de Atenas "nada con exceso", Quilón de Esparta "no desees lo imposible", Bías de Priene "la mayoría de los hombres son malos", Pítaco de Mitilene "debes saber escoger la oportunidad", Periandro de Corinto "se previsor con todas las cosas" y finalmente Tales de Mileto "en la confianza está el peligro". 
     Sobre la existencia del alma parece que se le atribuye la afirmación sobre su inmortalidad, al menos pública y laicamente, ya que la inmortalidad del alma es un concepto anterior a las opiniones griegas del siglo VI a.C.
    Se dice que se casó y tuvo un hijo, también que fue célibe y adoptó a su sobrino, que no concibió hijo por "lo mucho que deseaba tenerlos". El casamiento de Tales parece que fue la obsesión de su madre y cada vez que ella se lo recordaba, éste le decía "es demasiado pronto". Con el paso del tiempo terminó por decirle "es demasiado tarde".
   ¿Servía la filosofía de Tales para algo? pues parece que sí, ya que demostró
De cabeza al pozo
que podía enriquecerse a través de la observación de la naturaleza y predijo una espectacular cosecha de aceitunas, por lo que arrendó un buen número de olivares para luego vender el aceite. También está la famosa anécdota de la caída en la zanja mientras veía las estrellas y el consiguiente comentario de una anciana que lo asistió en su caída.
     Vamos a lo luctuoso. Se le atribuye la siguiente sentencia "entre la vida y la muerte no hay diferencia alguna", a lo que un interlocutor anónimo le interpone "pues entonces ¿por qué no te mueres?", y Tales responde, "porque no hay diferencia". Sin embargo se murió y de una manera caprichosamente triste y llamativa, parece que durante la LVIII olimpiada fue a contemplar unos juegos gimnásticos, muriendo en la grada de calor, sed y la debilidad propia  de la vejez. Cuando los espectadores despejaron los asientos, lo encontraron muerto.

     ¿Era Tales tan materialista como decía Aristóteles? Es atrevido afirmar lo que dice Aristóteles, despreciando lo que dice la doxografía, ya que podemos comprobar que, por lo que "han dicho que dijo que dijo", su sabiduría trasciende el único objetivo e intención de describir exclusivamente la naturaleza y sus procesos de cambio. Un sabio, un filósofo, debe tener un horizonte más amplio y eso, además del conocimiento abstracto, incluye la filosofía práctica y la ética. No es cierto que los pensadores presocráticos, Tales incluido, no hicieran filosofía práctica ya que la mayoría de ellos fueron consejeros políticos además de científicos.


jueves, 6 de junio de 2013

EL ZOMBIE: METÁFORA DE LA SOCIEDAD DE CONSUMO

"Trabajaría por dinero"
          Se acerca el estreno en cines de "Guerra Mundial Z" (no sé como será por que no la he visto, pero si he leído la novela de Max Brooks, en editorial Almuzara, que vivamente les recomiendo ya que da mucho que pensar), película muy esperada por todos aquellos que gustan regodearse en el género, tan de moda hoy, de lo apocalíptico. Esto tiene su mandanga filosófica y antes de que se desate la moda, como siempre en este blog, vamos a adelantar explicaciones y análisis, tanto en lo que se refiere al género en sí como a la figura del zombie que, como adelanta el título de hoy, es una triste y patética metáfora de en lo que nos estamos convirtiendo.
          A los que viven bien siempre les ha gustado fantasear de cómo se viviría mal. Algo muy judeocristiano que obecede al valor "invertido", que diría Nietzsche, del remordimiento. Esto es muy propio del Occidente civilizado e hipervitaminado en el que vivimos, sentir remordimiento de nuestro estatus existencial debido a la contemplación de la desgracia ajena, incluso la propia. Se trata de una especie de "tristeza poscoitus", primero nos entregamos a la vorágine consumista del desahogo y luego hacemos balance del por qué hemos llegado hasta donde hemos llegado. Este "recrearnos" en el malestar de la opulencia sólo tiene sentido desde la catarsis. Es la catarsis, que diría Sigmund Freud, provocada por el espectáculo de la tragedia, con vistas, en el fondo inconsciente, a decirnos qué bien que estamos. Nos gusta el drama para 1)señalar nuestro bienestar y 2)ignorar nuestro propia tragedia. Nos pasa a todos. Me lo contaba un amigo que no tiene mucha suerte últimamente y se "descarga" o somete a su propia catarsis, vitalmente, viendo películas de James Bond; me dice:- "durante dos horas el que tiene problemas, el que recibe las hostias, es el otro". Algo así está ocurriendo con el género apocalíptico y su éxito mediático. Que series como "The walking dead", y antes películas como "Amanecer de los muertos" (de Zack Snyder, no tanto la versión original de George Romero, pero bueno, también, por qué no) o la serie de novelas de Manuel Loureiro ("Apocalipsis Z" ya editadas en Plaza y Janés y en bolsillo ) son un síntoma de que vivimos en una sociedad con una crisis monumental, no sólo de valores morales sino económicos, sociales, culturales, y que esa crisis se demuestra ya trágica; por esto la necesidad de la catarsis apocalíptica. La cosa no es que esté mala, lo que nos atormenta es la expectativa de que se ponga peor y no podamos seguir llevando la vida que llevamos. Nos atormenta que no tengamos un I-phone, que perdamos cobertura, que nos corten internet, que cierren el Carrefour de al lado de casa (que ya es Carrefour Planet). Y nos sentamos en el sofá de casa a contemplar fábulas de la destrucción humana para susurrar en un silencio inconsciente lo bien que nos encontramos y qué haríamos para sobrevivir.
         La supervivencia es un hecho actual, no una esperanza, no sabemos cómo reaccionaríamos en un contexto como el apocalíptico, por lo que todo lo que deducimos o fantaseamos es literatura y a veces barata. Luego vendría la supervivencia real. Hemos creado un nuevo "metarrelato", que dirían los posmodernos, y un "metarrelato" que creemos posible cuando es una metáfora. No podemos hacer una lectura literal de lo apocalíptico, lo apocalíptico es un síntoma. Es el síntoma de una sociedad nihilista que solo consume y traga, en muchas ocasiones,  sin conocimiento.
            El zombie es la metáfora individual de este síntoma, es la imagen del ciudadano conformista de hoy, va en masa, en rebaño, no se plantea nada salvo su propio egoísmo, sus propios impulsos animales. Es muy significativo que en  las primeras versiones de la metáfora, los zombies coman cerebros, comen el centro de la inteligencia, devoran la razón pero no de forma nutritiva o educativa (como el amor platónico que siente la carencia del conocimiento que no posee y desea), por que en ese festín pantagruélico de devorar a los vivos, no hacen la digestión sino que tragan por simple arrebato devorador, con la única intención de hurtar, de consumir, es un fin justificado en el mismo fin, el descrédito racional. Por otra parte los zombies carecen de razón pero poseen una limitadísima dinámica racional de grupo que se fundamenta en necesidades tan básicas como imperfectas, su carácter gregario, que no garantiza nada más allá de lo animal, es una pantalla del egoísmo individual que esconden; lo mismo ocurre en nuestra sociedad aparentemente democrática, nos hacemos la ilusión de que todos dependemos de todos y que tomamos decisiones juntos pero... falso, al final ¡tonto el último!
       El "pulgón inextinguible" que proclamara Nietzsche como síntoma de una sociedad burguesa y decadente de la que todos somos parte, que había hecho de los valores un saco de pus que derramamos a nuestro antojo, es el zombie de la fantasía de hoy. Nos gusta contemplarnos en la más absoluta de la miserias biológicas para regodearnos de nuestra decadencia social y moral. El zombie es el parásito definitivo, como el pulgón, pero más destructivo por que puede llevar a devorarnos del todo. Es la representación posmoderna de un "agujero negro" que todo lo traga, incluso la luz de la inteligencia crítica, sobre todo eso. Nos gusta el zombie y lo flipamos, la gente adora esta imagen de la irracionalidad por que justifica su propia irracionalidad, su incompetencia, su desidia, su falta de voluntad creadora de valores. La gente se disfraza de zombie y van por ahí arrastrando los pies y emitiendo sonidos guturales en divertidos actos multitudinarios para festejar no sólo el estreno de una película o una nueva temporada de una serie de televisión, sino para festejarse a ellos mismos como decadencia que ha encontrado una metáfora donde instalarse, zombificados como si ya no lo estuvieran en su vida cotidiana. Llevamos una existencia zombie, nos levantamos, no sabemos muy bien para qué, trabajamos en lo que nos nos gusta, no sabemos muy bien por qué, incluso algunos se casan, tienen hijos y sin saber en el fondo qué plan o sentido de la vida obedecen. Acudimos en masa a los centros comerciales para comprar todo tipo de banalidades que dan un sentido absurdo a una existencia banal. Son las miríadas de conformistas, los maleducados incultos, los egoístas, los que viven en la inercia de la nada, los consumidores que te empujan en unas rebajas, los que te apabullan en el ascensor o en el metro, los que exigen sin saber qué exigen, sólo por el mero empuje de la exigencia, los que se ponen en una cola sin saber que hay al final y sin esperar nada y aceptan lo que sea si es barato y divertido. Los que han minado el sistema educativo y el sistema médico, los que acumulan riquezas ajenas desaforadamente en las entidades bancarias devorando a familias enteras al echarlos a la calle por no poder pagar una hipoteca. Que "Amanecer de los muertos" transcurra en un centro comercial ya es mosqueante y significativo como la novela de José Saramago "La Caverna". No va a darse un Apocalipsis Zombie, el Apocalipsis ya está aquí, ellos nos están devorando. Y pronto no quedará nada ni nadie.
No coments


martes, 4 de junio de 2013

LA GEOMETRÍA DE LA BELLEZA Y LA BONDAD EN PLATÓN


            La otra tarde llego a una gasolinera a repostar y reparo en la chica que atiende. Como decía “Horacio, hombre soy y nada de lo humano me es ajeno”. La chica era guapa y tenía un tono de voz profundo y atractivo. No me mal interpreten que no le tiré los tejos ni intención que tenía. Pero ante la contemplación de la belleza el filósofo piensa ¿es su belleza directamente proporcional a su bondad o es su bondad directamente proporcional a su belleza?¿la belleza está en relación con la bondad?¿y a la inversa? E incluso ¿se podría dar una relación inversamente proporcional entre belleza y bondad o bondad y belleza?
            La culpa de todo no la tiene Yoko Ono, que ya nos gustaría a los beatlemaniacos, sino Platón, que plantea la relación entre bien y belleza. Esta relación es unidireccional y va desde la idea suprema de Bien se la que emana una belleza proporcionada. Para Platón lo bueno es bello y lo bello, racionalmente bueno ¿pero es así? Pongámonos aristotélicos, que es lo que conviene y examinemos los posibles casos.
  1. lo bello es bueno.
    El retrato de Dorian Grey
  2. Lo bello no es bueno.
  3. Lo bueno es bello
  4. lo bueno no es bello.
  5. Lo bello es bello, ni bueno ni malo.
  6. Lo bueno es bueno, ni bello ni feo.
              Esta combinaciones son un poco absurdas. Pasamos a comentarlas. No tiene por qué existir una relación forzosa entre lo bello y lo bueno, esto es un argumento “ad hoc” colado por Platón como muchos otros suyos basados en artificios racionales. El único argumento es la creencia en el mundo de las ideas y su presunta jerarquía, pero la existencia de este mundo fue puesta en tela de juicio por el mejor alumno de Platón, Aristóteles con el conocido argumento de que es inútil multiplicar los entes ¿de qué nos sirve un mundo de ideas jerarquizado en un mundo de las cosas cuya jerarquías imponemos con la mente? En cualquier caso, considerar la existencia de valores o ideas supremos (bien, belleza, etc...) sólo sirve como orientación racional en un mundo donde estas ideas no existen como entes separados (¡nadie ha visto al bien despersonificado o la belleza fuera del cuerpo de una modelo o un modelo de esos de revista). Interpretemos las posibilidades desde aquí, desde su falta de relación inmanente:
              En primer lugar, lo bello puede ser bueno, tiene esa posibilidad moral pero la belleza de una persona u objeto no es condición de posibilidad de su bondad, ahí tienen si no al bien parecido Ted Bundy, el atractivo asesino en serie que incluso en la cárcel recibía propuestas de matrimonio. De esta forma lo bello puede ser tanto bueno como no. Tendríamos que admitir que lo bello puede ser bueno o lo bello puede no ser bueno, uniríamos el 1º enunciado en una disyunción inclusiva con el 2º enunciado. Lo mismo ocurriría con los enunciados 3º y 4º. Lo bueno puede ser bello o lo bueno puede que no sea bello. No existe relación ni proporcionalidad entre lo bueno y lo bello.
                Cabe observar la posibilidad nihilista, es decir la de la falta de valor, lo bello no es ni bueno ni malo. Nietzsche estaría encantado, aunque creo que él se inclinaría a pensar que el bello judeocristiano es cruel según su naturaleza moral invertida, gusta de hacer sufrir a los que no son bellos creando una relación de dependencia por parte del que no lo es (bello) y persigue como un mendigo esa belleza. Una prostituta bella que entrega su belleza aristocráticamente (busquemos algún ejemplo en la literatura-¡ya lo tengo, la Magdalena bíblica!-) sería un ejemplo de belleza que se entrega voluntariamente, no importa a quién. La belleza somete al que no es bello porque tiene en su interior esa falta de belleza. Es el caso de la “Lolita” de Navokov (trasunto de la maga Circe de la Odisea, al bruja adolescente que animaliza, desracionaliza y bestializa al hombre maduro que persigue el ideal abstracto de una belleza clemente que es en realidad perversa. La cultura judeocristiana ha presentado la bondad como bella, San Juan Bautista, la Virgen María, Jesucristo, son personajes de una belleza extraordinaria.
             Sin embargo ¿es posible aceptar que lo bueno no sea ni feo ni bello? Desde el punto de vista de la lógica no hay problema, la cosa está en que la belleza o la falta de ella no tiene nada que ver con la lógica sino con la emoción. Si preguntamos a alguien sobre la belleza o falta de ella de un individuo o individua en concreto nos sorprenderán la variedad de respuesta. Dice el refrán popular “a nadie le huelen sus peos, ni sus hijos son feos”, perdonen la escatología pero esto nos servirá para ilustrar una cuestión poco lógica. La percepción de la belleza está más allá de los grados que podemos establecer entre la más absoluta belleza y la más reprobable de las fealdades. Es un asunto subjetivo, el tío más feo del mundo puede ser “guapo” para su novia y viceversa. Esto me recuerda un chiste: un tipo de queja amargamente ante su grupo de amigo durante una despedida de solteros - “todas las mujeres están buenas menos la mía”, a lo que responde uno de sus amigos, - “perdona, pero tu mujer está muy buena”.
            Lo bello depende de cada uno y la bondad también está en función de cada uno. Lo cierto es que nos tenemos que conformar con la dosis de belleza que nos ha otorgado la genética, pero la bondad no va a mejorarla y ser buenas personas es un objetivo que todos deberíamos que tener.
¡Hay que ver lo que da de sí una visita a la gasolinera!