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martes, 4 de junio de 2013

LA GEOMETRÍA DE LA BELLEZA Y LA BONDAD EN PLATÓN


            La otra tarde llego a una gasolinera a repostar y reparo en la chica que atiende. Como decía “Horacio, hombre soy y nada de lo humano me es ajeno”. La chica era guapa y tenía un tono de voz profundo y atractivo. No me mal interpreten que no le tiré los tejos ni intención que tenía. Pero ante la contemplación de la belleza el filósofo piensa ¿es su belleza directamente proporcional a su bondad o es su bondad directamente proporcional a su belleza?¿la belleza está en relación con la bondad?¿y a la inversa? E incluso ¿se podría dar una relación inversamente proporcional entre belleza y bondad o bondad y belleza?
            La culpa de todo no la tiene Yoko Ono, que ya nos gustaría a los beatlemaniacos, sino Platón, que plantea la relación entre bien y belleza. Esta relación es unidireccional y va desde la idea suprema de Bien se la que emana una belleza proporcionada. Para Platón lo bueno es bello y lo bello, racionalmente bueno ¿pero es así? Pongámonos aristotélicos, que es lo que conviene y examinemos los posibles casos.
  1. lo bello es bueno.
    El retrato de Dorian Grey
  2. Lo bello no es bueno.
  3. Lo bueno es bello
  4. lo bueno no es bello.
  5. Lo bello es bello, ni bueno ni malo.
  6. Lo bueno es bueno, ni bello ni feo.
              Esta combinaciones son un poco absurdas. Pasamos a comentarlas. No tiene por qué existir una relación forzosa entre lo bello y lo bueno, esto es un argumento “ad hoc” colado por Platón como muchos otros suyos basados en artificios racionales. El único argumento es la creencia en el mundo de las ideas y su presunta jerarquía, pero la existencia de este mundo fue puesta en tela de juicio por el mejor alumno de Platón, Aristóteles con el conocido argumento de que es inútil multiplicar los entes ¿de qué nos sirve un mundo de ideas jerarquizado en un mundo de las cosas cuya jerarquías imponemos con la mente? En cualquier caso, considerar la existencia de valores o ideas supremos (bien, belleza, etc...) sólo sirve como orientación racional en un mundo donde estas ideas no existen como entes separados (¡nadie ha visto al bien despersonificado o la belleza fuera del cuerpo de una modelo o un modelo de esos de revista). Interpretemos las posibilidades desde aquí, desde su falta de relación inmanente:
              En primer lugar, lo bello puede ser bueno, tiene esa posibilidad moral pero la belleza de una persona u objeto no es condición de posibilidad de su bondad, ahí tienen si no al bien parecido Ted Bundy, el atractivo asesino en serie que incluso en la cárcel recibía propuestas de matrimonio. De esta forma lo bello puede ser tanto bueno como no. Tendríamos que admitir que lo bello puede ser bueno o lo bello puede no ser bueno, uniríamos el 1º enunciado en una disyunción inclusiva con el 2º enunciado. Lo mismo ocurriría con los enunciados 3º y 4º. Lo bueno puede ser bello o lo bueno puede que no sea bello. No existe relación ni proporcionalidad entre lo bueno y lo bello.
                Cabe observar la posibilidad nihilista, es decir la de la falta de valor, lo bello no es ni bueno ni malo. Nietzsche estaría encantado, aunque creo que él se inclinaría a pensar que el bello judeocristiano es cruel según su naturaleza moral invertida, gusta de hacer sufrir a los que no son bellos creando una relación de dependencia por parte del que no lo es (bello) y persigue como un mendigo esa belleza. Una prostituta bella que entrega su belleza aristocráticamente (busquemos algún ejemplo en la literatura-¡ya lo tengo, la Magdalena bíblica!-) sería un ejemplo de belleza que se entrega voluntariamente, no importa a quién. La belleza somete al que no es bello porque tiene en su interior esa falta de belleza. Es el caso de la “Lolita” de Navokov (trasunto de la maga Circe de la Odisea, al bruja adolescente que animaliza, desracionaliza y bestializa al hombre maduro que persigue el ideal abstracto de una belleza clemente que es en realidad perversa. La cultura judeocristiana ha presentado la bondad como bella, San Juan Bautista, la Virgen María, Jesucristo, son personajes de una belleza extraordinaria.
             Sin embargo ¿es posible aceptar que lo bueno no sea ni feo ni bello? Desde el punto de vista de la lógica no hay problema, la cosa está en que la belleza o la falta de ella no tiene nada que ver con la lógica sino con la emoción. Si preguntamos a alguien sobre la belleza o falta de ella de un individuo o individua en concreto nos sorprenderán la variedad de respuesta. Dice el refrán popular “a nadie le huelen sus peos, ni sus hijos son feos”, perdonen la escatología pero esto nos servirá para ilustrar una cuestión poco lógica. La percepción de la belleza está más allá de los grados que podemos establecer entre la más absoluta belleza y la más reprobable de las fealdades. Es un asunto subjetivo, el tío más feo del mundo puede ser “guapo” para su novia y viceversa. Esto me recuerda un chiste: un tipo de queja amargamente ante su grupo de amigo durante una despedida de solteros - “todas las mujeres están buenas menos la mía”, a lo que responde uno de sus amigos, - “perdona, pero tu mujer está muy buena”.
            Lo bello depende de cada uno y la bondad también está en función de cada uno. Lo cierto es que nos tenemos que conformar con la dosis de belleza que nos ha otorgado la genética, pero la bondad no va a mejorarla y ser buenas personas es un objetivo que todos deberíamos que tener.
¡Hay que ver lo que da de sí una visita a la gasolinera!

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