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jueves, 20 de junio de 2013

EL MITO, LA PRIMERA "FILOSOFÍA"

           Qué hubo antes de lo algunos llamamos "filosofía" es un tema que,
los dioses, primera forma de explicación
aunque muchos piensen que nadie ha pensado antes, en la distancia de lo nebuloso histórico, se ha pensado y mucho. Cuando era estudiante y comencé mis estudios de la filosofía, siempre se comenzaba por la explicación de como la cultura griega se había convertido en la depositaria del nacimiento del pensamiento especulativo y, por lo tanto, de la idea deformada que transmite lo que se llamó "el milagro griego", es decir, antes de los griegos nadie pensaba abstracta o científicamente y, en todo caso, se desarrollaba un tipo de pensamiento abstruso, incompleto y absurdo, una forma de pensar que se perdía en la lírica de las eṕocas arcaicas o en la oscuridad de la prehistoria. Este concepto del "milagro griego" quedó desautorizado por el pensador existencialista Karl Jaspars y su teoría del "tiempo axial".
           ¿Porqué se creía en el "milagro griego"?. La culpa de todo la tiene Yoko Ono, eso ya se sabe, pero de eso en concreto la tiene G. W. F. Hegel, que planeó una tendencia hermenéutica neoclasicista y deformada de lo griego como algo sublime y civilizado que los alemanes habían heredado. Una imagen falsa que incluso infectó campos como la historia, la arqueología o la filología. No sería hasta el trabajo como filólogo de Nietzsche que comenzara a cambiarse de opinión.
            ¿Qué es mito? la palabra "mithos" viene a traducirse como "narración" y solemos asimilarla a "cuento" o "historia", donde se proporciona una respuesta a las preguntas sobre el origen del universo, del mundo conocido y del desconocido, del origen del hombre y de todo su universo simbólico, ético y su limitado conocimiento, además de la genealogía de los dioses, paralela a la de los hombres, sus intervenciones en el mundo humano y su en las dinámicas de la naturaleza. Los dioses van a jugar el papel de motorizar y dar razón a los procesos de la naturaleza que van a ser percibidos como sujetos al animismo o la teología.
            El mito fue la "primera filosofía" registrada que tuvo la humanidad
Genealogía de Hesíodo
anterior a la filosofía especulativa, se caracteriza por ser un tipo de pensamiento que, siempre ha existido y que evidentemente proporciona una respuesta a las inquietudes humanas que siempre han estado ahí y exigen una tranquilidad y el intento de adaptarse al enfrentamiento del hombre con una naturaleza incontrolable y hostil. El mito, como la filosofía posterior, da un sentido a la vida, sin embargo sus propuestas son infantiles, ingenuas, acientíficas, extremadamente abstractas, profundamente enraizadas en la religiosidad de la época y tan desorganizado como la religiosidad en la que se fundamenta. En el mito, la acción de los dioses y su intervención en la naturaleza y en el mundo de los hombres es constante e inesperada, ilógica o sujeta a una lógica que sólo los dioses conocen y que ni los mismos sacerdotes ignoran o son capaces de interpretar.
        Así las fuerzas de la naturaleza están "personalizadas" por los dioses que, como decía Horacio "sufren de la misma indecisión y estupidez que los humanos". A juicio de penadores presocráticos como Jenófanes y más posteriormente Ludwig  Feuerbach, Karl Kereyi o Carl Jung, filósofos y mitólogos respectivamente, el hombre arcaico, antiguo, y en general de cualquier época, se proyecta en los mitos y en los dioses, proyectando simultáneamente todas sus miserias y defectos. Por ejemplo Poseidón, deidad griega de los mares, otorgaba a la azarosa hostilidad que sufrían los marinos griegos un sentido. El dios nórdico Thor, dios del trueno, desencadenaba una descomunal tormenta cada vez que su hermano Loki, el dios de la astucia, le robaba el martillo, ya que para recuperarlo, Thor debía ejecutar una acción humillante para un varón nórdico, es decir, vestirse de mujer y, con sus cabellos rubios, "engatusar" a Loki para recuperar el objeto perdido.
      El mito es un pensamiento intensamente supersticioso, donde gobiernan dos conceptos que forman la base de lo religioso, por una parte el concepto de "Hado" o el "destino" inexorable que ha sido decidido por los dioses y del que el hombre no puede escapar (idea que se heredará en el concepto del "pecado" cristiano que tarde o temprano se cobra un precio) o el concepto de "hybris" o "desmesura", es decir el acometimiento de un acto que desborda las normas sociales de la tribu o la casta, un acto tan reprobable que entra dentro del ámbito del tabú.
      El mito no admite una lectura literal, y si esta se realizara, no resultaría más gratificante que la lectura de un cuento infantil con tintes fantásticos. El mito exige una lectura profundamente hermenéutica, donde los elementos simbólicos, que son todos, y que pueden ser explícitos o implícitos, por su carácter escondido o velado, deben ser analizados cuidadosamente y explicados, examinando, no sólo su sentido en el contexto del mundo arcaico al que pertenecen, sino como se reflejan  y se pueden aprovechar en el contexto de nuestro mundo. Esto indica que el mito, como forma de conocimiento que ha proporcionado y nos proporcionan un sentido en el mundo, es un saber universal y abierto a, lo que el filósofo alemán Hans-Georg Gadamer llamó, el "círculo hermenéutico", es decir, un texto (mitológico, filosófico, literario, científico, etc...) tiene potencial interpretativo mientras exista un lector que lo asimile, un contexto histórico donde se da y la interacción de estos elementos con la historia. Aquí reside la utilidad del mito, nos ensaña algo desde lo simbólico, apelando a una dimensión estética y ética del ser humano, saltando poéticamente, en muchas ocasiones, la dimensión racional.
           El mito no está muerto y no puede estar muerto, aunque para nuestro contexto histórico actual, neoliberal, tecnológico e instrumentalista esté descalificado y autorizado. Para muchos, nada o casi nada se podía aprender de las propuestas mentales mitológicas de los más antiguos, que vienen a representarse como torpes niños que apenas balbuceaban dos o tres palabras fruto del asombro de lo ignoto y de un miedo irracional. Nada de esto es cierto. Como dirían algunos presocráticos, "la nada nada genera y lo semejante atrae a lo semejante". Esta sentencia, aplicada al pensamiento, demuestra desde lo intuitivo que, en primer lugar, el pensamiento no se genera en el vacío, sino en el milagro de la mente de la humanidad, en un soporte creativo inmensamente rico, en segundo lugar, basta una lectura detallista para comprobar que se da una continuidad entre el mito y la primera filosofía presocrática donde abundan los elementos mitológicos pero "suavizados".
      El proceso por el que el mito, como pensamiento acientífico e ingenuo, es "sustituido" por la filosofía, como pensamiento especulativo y abstracto, se denomina "paso del mito al logos" (proceso al que dedicaremos su propia entrada en el blog), pero esa "sustitución" nunca fue total y completa. El mito sobrevivió y sus elementos han estado presente en muchos aspectos de la filosofía antigua, medieval, moderna e incluso en la ciencia de vanguardia de hoy o en el contexto social más cotidiano de hoy. Por ejemplo, en la filosofía presocrática el "argé" como elemento rector radical de la naturaleza o "physis", en muchos casos,  tiene matices mitológicos por su conexión con las divinidades arcaicas. Así el uso del "agua" como "argé" que hace Tales de Mileto demuestra sus conexiones con la admiración mitológica que la cultura egipcia antigua poseía y donde, curiosamente, Tales se formó como pensador. El concepto de "pneuma" o "aliento que da vida" que utiliza Anaxímenes también poseé lecturas animistas que rayan lo religioso. ¿Qué decir del "demiurgo" que Platón instrumentaliza para realizar su cosmogonía y cosmología descrita en el diálogo "Timeo"? Incluso el Primer Motor de Aristóteles tiene unos matices tan divinizantes que será sintetizado por Santo Tomás de Aquino como el mismo Dios judeo-cristiano. Vamos más allá en el atrevimiento, incluso la teoría del BigBang contiene matices que oscilan con el concepto de la creación "ex nihilo", propio de la mitología semítica. Existen miles de ejemplos.
      Cada cultura definida en sí misma tiene sus propios mitos y en la cultura
Homero prisionero
judeo-cristiana existen dos fuentes fuertes mitográficas que nos han influido, la mitología semítica, que podemos leer en el Antiguo testamento y los mitos griegos que asimilamos por defecto como los únicos mitos occidentales, otro error muy común. Aunque más adelante abordaremos los mitos judeocristianos, nos centraremos en la mitología griega que se nos ha enseñado clásicamente. Los padres académicos del mito son dos, o así se suele explicar a los alumnos, son Homero y Hesíodo.
     Homero es uno de los grandes misterios mitológico, filológicos y filosóficos de nuestro patrimonio cultural. Cualquier persona que quiera afirmar que tiene "cultura", tiene que leer la obra de Homero y asimilar sus enseñanzas.Para empezar, no sabemos quién fue Homero, si fue un sólo autor o si fueron varios que, o usaron un pseudónimo o un "nombre común" obligados al anonimato. El término "Homerós" podría traducirse como "rehén" o "prisionero" y obedece a la "civilizada" costumbre de los griegos aqueos que perdonaban la vida a aquellos prisioneros alfabetizados que eran obligados a narrar las gestas de los vencedores. ¿Pudo o pudieron ser un grupo de prisioneros que sobrevivieron a la conquista de Ilión o Troya? si fueron más de uno o muchos también se habla de los "homeridai" o "hijos de rehenes", que cumplían con el citado cometido.
        Sin embargo la tradición parece que tira por otra dirección. "Homerós"
Homero ciego
podría obedecer a un juego de palabras, "ho me horón", que podría traducirse como "el que no ve" y que remite a un solo autor que sería ciego. El Homero que nos ha legado la tradición y que contemplamos en los bustos silenciosos de  las culturas griegas y romanas que, evidentemente, no lo conocieron. Sobre su cuna de nacimiento nada se sabe porque  se atribuyen el mérito demasiados lugares, por ejemplo Quíos, Esmirna, Colfón, Atenas... incluso Ítaca, lugar que determinó la Pítia, suma sacerdotisa del Oráculo de Delfos (toda una garantía), por lo que deducimos que su tumba cuenta con el mismo privilegio del anonimato geográfico.
           Su obra incluye "Ilíada", "Odisea", "Batramiomaquia", "Margites" y los "Himnos homéricos". Su obra está escrita en verso y, por esta razón, a los productores de mitos se les encasilla como "poetas" o "aedos", término que en siglos posteriores, ya con la filosofía especulativa instalada en la mentalidad griega, se usó para descalificar textos de endeble contenido intelectual. Muchos fueron los que denostaron la labor de los poetas, por ejemplo Heráclito de Éfeso decía que "había que azotarlos", algo contradictorio cuando él mismo usaba y abusaba del lenguaje poético, o el mismo Platón, que cargó contra los poetas en muchas ocasiones dentro de sus diálogos, curioso también cuando uso el mito y la alegoría como vehículo explicativo, llamándolo el "rumor", capaz de llegar allí donde la razón especulativa no llega. Y ¿qué decir de Parménides de Elea y su famoso poema (de versos hexamétricos) llamado "Sobre la naturaleza? La poesía no queda descalificada, al contrario, demuestra su autoridad como forma de transmisión de ideas o al menos de un determinado tipo de ideas y Homero es la primera autoridad.
        Mientras la exposición y el desarrollo del corpus mitológico griego en la
Busto de Hesiodo
obra de Homero es desorganizada, poco coherente y estructurada, ese no es el problema de la segunda autoridad mitológica de la antigüedad, Hesíodo. La obra de Hesíodo es tan estructurada que implica una intención ensayística tras ella, por lo que muchos la consideran el primer destello de organización mental especulativa de la historia griega, antes incluso que Tales de Mileto.  Es el caso de la "Teogonía", donde se estructura la genealogía de los dioses helenos. Hesíodo no narra literariamente como en un cuento, sino que expone estructurada, casi científicamente, sirviendo de inspiración a los mitógrafos contemporáneos.  Parece que nació en Ascra y su obra reconocida contiene "Los trabajos y los días", "Teogonía" y "El escudo de Heracles", además de una enorme panoplia de fragmentos.
       Estudiosos sobre el mito son muchos, pero destacan sólo unos pocos por lo exhaustivo y lo correcto de sus aproximaciones explicativas. Es el caso de, por ejemplo, el especialista en Nietzsche,  Giorgio Colli, que tiene tres magníficos volúmenes publicados en editorial Trotta que analiza (bilingüe del griego).
         Karl Kerenyi es otro especialista en mitos y exégesis de cultura arcaica
Obra de G. Colli
cuya obra resulta muy significativa ("En el el laberinto" en editorial Siruela) junto con sus colaboraciones con Carl Jung, que desde el campo de la psicología profunda, han proporcionado al mito el papel de elemento capaz de proyectarse como herramienta interpretativa de lo antropológico a nivel consciente e inconsciente, personal o colectivo.
    ¿Dónde sobreviven los mitos hoy? Desde luego el mito no ha muerto, para muchos especialistas sobreviven como parte del folclore y de los cuentos que se generan en nuestra cultura. Se podría considerar que toda la producción literaria de los cuentos del romanticismo, desde las leyendas de Bequer hasta los cuentos de Hoffmann  o la recolección de tradiciones orales que realizan Jacob y Wilheim Grimm en sus conocidos cuentos. Los cuentos infantiles han sido analizados por especialistas que varían desde la filología, por ejemplo Vladimir Propp y sus estudios sobre los cuentos hasta la "Psicología de los cuentos de hadas" de Brunno Bettleheim. El escritor de los
movimientos contraculturales norteamericanos, Ken Kesey, autor de "Alguien voló sobre el nido del cuco", aseguraba que los modernos mitos de nuestra cultura de masas son los héroes de los comic-book y si aplicamos la máxima de Horacio "muéstrame un héroe y te mostraré una tragedia", podemos comprrobar que los modernos superhéroes tienen una existencia digna de la trágica experiencia de la vida del mismo Hércules (de hecho Hércules tuvo su versión "cómic" para la editorial Marvel), sino comprobemos la peripecia de "Spiderman", el popular "hombre-araña". Peter  Parker es un anodino adolescentes que sufre el "bulling" de sus compañeros de instituto, un día recibe el don sobrenatural (divino) de los poderes de una araña radioactiva. Sin saber muy bien qué hacer con ese don, decide enriquecerse participando en combates de lucha libre, ocultando su identidad. Tras uno de esos combates, ve como huye un ladrón que ha robado la recaudación del combate y no hace nada para impedirlo. Entonces cual intervención del destino inexorable o Hado, ese mismo ladrón mata a su tío Ben, que le había adoptado de niño. Sólo entonces, y a requerimiento de su tío moribundo,
Peter Parker ve morir a su tío Ben
decide convertirse en el héroe que todos conocemos. Si analizamos este moderno mito vemos los elementos del mito clásico del héroe que son el destino, la experiencia trágica de la vida, el don sobrenatural, etc, ecos que nos recuerdan a Ayax, Edipo, Herácles.

martes, 18 de junio de 2013

TALES DE MILETO, "EL DEL AGUA"

           Está lloviendo y la lluvia, con esa cadencia tan monótona y nostálgica,
Busto atribuido a Tales de Mileto
me ha recordado a Tales y la anécdota que cuenta el historiador de la filosofía e ingeniero, Lucianno Crescendo, en su obra "Los filósofos presocráticos". Crescendo fue uno de los historiadores con los que me inicié en esto de la filosofía. Fue lectura de bachillerato,  el libro nos lo pasabamos furtivamente entre los colegas de la pandilla, como quien se pasa un tesoro que no quiere compartir con otros, y eso era, y es,  porque se trata de un libro con el que uno de descojona a gusto con la vida y las ideas de los filósofos. Cuenta Crescendo que cuando era estudiante como nosotros y estudiaba la asignatura de filosofía, inevitablemente (esto es una condición de la adolescencia) tendía a hacer resúmenes de los resúmenes, para colmo usando un texto que circulaba entre los estudiantes, que era a su vez un resumen de los manuales a uso. Pues después del proceso menguante del resumen del resumen, se descubrió a sí mismo estudiando un esquema de los pensadores presocráticos que decía "Tales, el del agua".
        La verdad es que el resumen de Crescendo no puede ser más cabal ya que sobre Tales se sabe poco o nada historiográficamente y lo único que se podría afirmar con cierta autoridad es precisamente eso, "Tales, el del agua". Y ni siquiera el  del agua por que nunca se mencionó ese elemento.
      A Tales se le considera el "santo patrón" de la filosofía o, si quieren ustedes , su "socio fundador" ya que no hay registro escrito de filósofos anteriores. Bueno, eso es discutible por varias razones, primero porque pensar se ha pensado siempre y por otra parte, los doxógrafos ( o los "cotillas" de la historia, sobre todo de la historia de la filosofía) han contado que Tales viajó por el entonces mundo conocido y aprendió de otros, anónimos "filósofos" que le proporcionaron una serie de herramientas que parece que utilizó para describir el mundo, sobre todo sacerdotes egipcios, aunque hay quien dice que también caldeos. La fuente doxográfica de la que hablo es, claro está, Diógenes Laercio, una especie de Jesús Mariñas de la antigüedad romana, que cuenta esto desde una distancia histórica de casi medio siglo, por lo que su testimonio deja mucho que desear.
      A Tales se le clasifica dentro de los presocráticos como monista materialista y, como todas las clasificaciones, ésta resulta inadecuada y reduccionista. Los pensadores presocráticos son un auténtico puzzle o mosaico de ideas, teorías y propuestas, sin embargo, parece que todos tienen en común una serie de intenciones, por ejemplo, todos tratan de entender y describir la realidad con argumentos moderadamente racionales, aunque no exentos de ciertos contenidos mitológicos. Para los presocráticos, en bloque, la naturaleza o "physis" sufre un proceso de cambio o corrupción, denominado "dynamis", que también se traduce por "movimiento". El movimiento o cambio de la naturaleza se manifiesta al ser humano como "apariencia", algo que por su carácter cambiante nos impide que podamos conocerlo. Pues bien, para los presocráticos, esa naturaleza cambiante posee un "principio" que subyace y se mantiene bajo la "apariencia" con que se manifiesta como fenómeno. A ese "principio" lo denominan "argé" (que también se traduce como "principio". Cada presocrático tiene su personal opinión sobre qué es el "argé" de la "physis" y cómo se desarrolla la "dynamis", y la herramienta que permite elaborar esas opiniones es la "razón" o "logos". De esta manera, los historiadores han desarrollado una tabla clasificatoria que va más o menos así:

Monistas: un sólo "argé"
Pluralistas: dos o más "argés"
Materialistas: "argé" material.
Racionalistas: "argé" inmanente a lo material pero sólo concebible a través de la razón o "logos".

      Tales, según Aristóteles y Diógenes Laercio, estaría dentro del monismo materialista, ya que determina que la "physis" o naturaleza, tiene como elemento radical, esto significa que la más íntima esencia o raíz a la que se remite, es un único elemento material que, cita Aristóteles, es "el agua o lo húmedo", mientras que Diógenes Laercio  cita, es "el agua". Para andar por casa se dice que el agua, pero los profesores más serios nos quedamos con lo húmedo.
      La verdad es que no se sabe si Tales dijo lo uno o lo otro porque apenas existen escritos suyos. De Tales tenemos un brevísimo fragmento, propio de él, o eso dicen los especialistas y  dos fuentes procedente de terceros que cuentan cosas sobre su filosofía y su vida. El aval de sus ideas es, nada menos, que Aristóteles, que al inicio de su obra "Metafísica" habla de los "físicos" (los que estudiaron la "physis"), refiriéndose a una parte de los pensadores presocráticos, sobre todo materialistas, que son presentados como un antecedente de su propio materialismo aristotélico, entre ellos el bueno de Tales.

Así lo cuenta Aristóteles:

       "La mayor parte de los primeros que filosofaron, no consideraron los principios de todas las cosas, sino bajo el punto de vista de la materia. Aquello de donde salen todos los seres, de donde proviene todo lo que se produce, y adonde va a parar toda destrucción, persistiendo la sustancia la misma bajo sus diversas modificaciones, he aquí, según ellos, el elemento, he aquí el principio de los seres."
     "Tales, fundador de esta filosofía, considera el agua  como primer principio. Por esto llega hasta pretender, que la tierra descansa en el agua; y se vio probablemente conducido a esta idea, porque observaba que la humedad alimenta todas las cosas, que lo caliente mismo procede de ella, y que todo animal vive de la humedad; y aquello de donde viene todo, es claro, que es el principio de todas las cosas. Otra observación le condujo también a esta opinión. Las semillas de todas las cosas son húmedas por naturaleza; y el agua es el principio de las cosas húmedas."

     Aristóteles incluso saca a relucir la conexión mitológica:

       "Algunos creen, que los hombres de los más remotos tiempos, y con ellos los primeros teólogos muy anteriores a nuestra época, se figuraron la naturaleza de la misma manera que Tales. Han presentado como autores del universo el Océano y a Tetis, y los dioses, según ellos, juran por el agua, por esa agua que los poetas llaman el Stigio. Porque lo más antiguo que existe es igualmente lo que hay de más sagrado; y lo más sagrado que hay es el juramento. ¿Hay en esta antigua opinión una explicación de la naturaleza? No es cosa que se vea claramente. Tal fue, sin embargo, por lo que se dice, la doctrina de Tales sobre la primera causa."
(todos los fragmentos de Aristóteles extraidos de "Metafísica", libro primero, Α, 980a-993a, Editorial Gredos)

    Sobre el fragmento de Tales, este no puede ser más críptico, incompleto y descontextualizado, por lo que hacer interpretación de sus palabras no sólo es atrevido sino peligroso, lo que significa que su abanico hermenéutico es lo suficientemente amplio como para manipularlo. El fragmento dice textualmente:

                                    "Todo está lleno de dioses"
("Fragmentos presocráticos", trad. Alberto Bernabé, Alianza Editorial)

      A mí me recuerda a una de las últimas frases que dice el mítico

astronauta de la película de Stanley Kubrick "2001, una odisea en el espacio", ya saben, el astronauta Bowmann dice:

                                    "Todo está lleno de estrellas"

           Aquí la clave está en el término "dioses". Hay que ir a la versión griega
El astronauta Bowmann
original para ver de que se trata ya que, en una primera interpretación literal, caemos en la tentación de declarar un politeísmo inmanente en el mundo natural, lo que no supondría un cambio demasiado significativo conforme a las explicaciones de la cultura griega arcaica, donde el mito narrativo es la principal vía explicativa. No es de extrañar la posición del especialista alemán Werner Jaeger (nada que ver con Mick) que  catalogó a estos pensadores, sobre todo los primeros presocrático, como "teólogos de la naturaleza", contribuyendo a la confusión interpretativa.
        Cómo traducir "dioses" o "dios" es importante y si empleamos la voz "Theos", de donde deriva el término "Dios", con su significado original griego, la cuestión cambia sustancialmente y nunca mejor dicho. Traduciremos "Theos" como "principio", que es el uso lingüístico que le da Aristóteles al término que, curiosamente, siglos más tarde va a adoptar del uso milesio (¿copia, plagio? en la historia de las ideas no hay nada nuevo bajo el sol). Podríamos entender entonces que:

                                   "Todo está lleno de principios"
   
   ¿Y qué interpretamos? algo mucho más racional y cualitativamente más científico que las valoraciones mitológicas. Estaríamos ante un juicio puramente elaborado por la razón y sin influencias teológicas; Tales vendría a admitir que todos los elementos del mundo natural contienen en sí mismos unos principios rectores que, por organizativos, tienen que ser forzosamente racionales, y dado que se encuentran ya en la naturaleza, el ser humano racional puede conocer a esta. Esto tiene otras consecuencias epistemológicas. La naturaleza contiene la razón y es la razón al mismo tiempo y la única actividad racional humana consistiría en "sacar esa razón de la naturaleza", lo que Aristóteles describirá como el proceso de abstracción en el que el sujeto percibe la formas en las cosas.
     Al mismo tiempo todo ente natural tendría su razón última en un elemento natural y material, que sería el "agua" o lo "húmedo".

    Pero no nos podemos detener ahí, porque sobre Tales se saben más cosas desde la doxografía que desde la historiografía. Y los doxógrafos no sólo cuentan anécdotas de su vida, que son bien jocosas, sino cuestiones científicas que, por su carácter atributivo, rayan lo apócrifo.
   Ya la confusión comienza con su origen que se dice era fenicio, el caso es que sería fenicio de madre pero griego de padre, por lo que consiguió la ciudadanía milesia sin estrictamente serlo. También se dice que fue funcionario público o lo más parecido a lo que se daba en la época y que dejó la función pública para dedicarse al estudio de la naturaleza, todo un modelo filosófico. Fue requerido como consejero y embajador para detener la guerra entre  Ciro y Mileto, consiguiéndolo. Sus primeras investigaciones parece ser que fueron sobre astronomía y se le atribuyen logros como determinar la trayectoria del Sol sobre los trópicos y  la comparación de las magnitudes entre el Sol y la Luna. Se le atribuye la invención de los meses del año y del cálculo astronómico del año de 375 días, si, han leído bien, 375. También se cuenta que fue autodidácta, aunque viajó  Egipto y allí fue formado por los sacerdotes egipcios; precisamente fue allí donde se dice que logró medir la altura de la gran pirámide de Keops observando la sombra que esta proyectaba. Tal vez allí adquirió esa apasionada idea que dice que todo es agua, en una cultura como la egipcia que aprecia el agua como elemento motor de toda vida.
         Una de las ideas matemáticas más básicas y famosas es el famoso
Tales, padre de la geometria
"teorema de Tales" que, en realidad son dos,

El primero dice:
"Si en un triángulo se traza una línea paralela a cualquiera de sus lados, se obtiene un triángulo que es semejante al triángulo dado."

El segundo dice:
 "Sea B un punto de la circunferencia de diámetro AC, distinto de A y de C. Entonces el triángulo ABC, es un triángulo rectángulo."

           Se le atribuye también un primer modelo cosmológico, es decir, una
Modelo cosmológico de Tales
construcción intelectual que describe el universo. A juicio de Tales, el universo sería finito y esférico y en su centro estaría la tierra flotando en agua, claro está, girando la Luna y el Sol en torno a estas.
        Su nombre figura en la famosa lista de "Los siete sabios" de Grecia, cada uno con su máxima, son Cleóbulo de Lindos "la moderación es lo mejor", Solón de Atenas "nada con exceso", Quilón de Esparta "no desees lo imposible", Bías de Priene "la mayoría de los hombres son malos", Pítaco de Mitilene "debes saber escoger la oportunidad", Periandro de Corinto "se previsor con todas las cosas" y finalmente Tales de Mileto "en la confianza está el peligro". 
     Sobre la existencia del alma parece que se le atribuye la afirmación sobre su inmortalidad, al menos pública y laicamente, ya que la inmortalidad del alma es un concepto anterior a las opiniones griegas del siglo VI a.C.
    Se dice que se casó y tuvo un hijo, también que fue célibe y adoptó a su sobrino, que no concibió hijo por "lo mucho que deseaba tenerlos". El casamiento de Tales parece que fue la obsesión de su madre y cada vez que ella se lo recordaba, éste le decía "es demasiado pronto". Con el paso del tiempo terminó por decirle "es demasiado tarde".
   ¿Servía la filosofía de Tales para algo? pues parece que sí, ya que demostró
De cabeza al pozo
que podía enriquecerse a través de la observación de la naturaleza y predijo una espectacular cosecha de aceitunas, por lo que arrendó un buen número de olivares para luego vender el aceite. También está la famosa anécdota de la caída en la zanja mientras veía las estrellas y el consiguiente comentario de una anciana que lo asistió en su caída.
     Vamos a lo luctuoso. Se le atribuye la siguiente sentencia "entre la vida y la muerte no hay diferencia alguna", a lo que un interlocutor anónimo le interpone "pues entonces ¿por qué no te mueres?", y Tales responde, "porque no hay diferencia". Sin embargo se murió y de una manera caprichosamente triste y llamativa, parece que durante la LVIII olimpiada fue a contemplar unos juegos gimnásticos, muriendo en la grada de calor, sed y la debilidad propia  de la vejez. Cuando los espectadores despejaron los asientos, lo encontraron muerto.

     ¿Era Tales tan materialista como decía Aristóteles? Es atrevido afirmar lo que dice Aristóteles, despreciando lo que dice la doxografía, ya que podemos comprobar que, por lo que "han dicho que dijo que dijo", su sabiduría trasciende el único objetivo e intención de describir exclusivamente la naturaleza y sus procesos de cambio. Un sabio, un filósofo, debe tener un horizonte más amplio y eso, además del conocimiento abstracto, incluye la filosofía práctica y la ética. No es cierto que los pensadores presocráticos, Tales incluido, no hicieran filosofía práctica ya que la mayoría de ellos fueron consejeros políticos además de científicos.


jueves, 22 de septiembre de 2011

Heráclito, el oscuro sieso de Éfeso

 
En esta entrada de hoy les traigo la semblanza de un filósofo que fue un sieso y que dio mala prensa al triste colectivo de los filósofos. Huraño, misógino, elitista y narcisista en extremo, Heráclito de Éfeso era ese yerno que ninguna suegra hubiese querido sentado a la mesa de la cena de Pascua. Hijo de Blisón, nació el año de la 69ª Olimpiada (así contaban los griegos los años) en Éfeso, ciudad situada en la costa noroeste de Turquía,. Allí nació una joyita que ya de infante ejercía de niño repelente. En su infancia admitió “no saber nada pero que iba aprendiendo inexorablemente”, sin embargo cuando terminó su formación reconoció “saberlo todo”, siendo autodidacta puro y duro. No iba a necesitar una abuela que lo alabase ante los dioses. Su única obra, Sobre la naturaleza, de la que se conservan fragmentos poco claros,  fue escrita adrede incomprensible para que sólo la entendiesen unos pocos. Esto le costó el mote de “ el oscuro”, no por su tostado tono de piel sino por lo  incomprensible y lo enigmático de sus palabras. Carne de cuplé chirigotero. La doctrina filosófica de Heráclito se resume en estas sentencias, “Todo fluye". Todas las cosas provienen del fuego y en él se resuelven, se hacen según el logos, la razón, y en la tensión de contrarios se ordenan. Todo está lleno de almas y demonios”. Ya ven que tiene cancha interpretativa. Sólo les diré que contempla la realidad como un ente en continuo cambio y sólo podemos conocerla gracias al uso del logos o razón. Lo demás todavía hoy en día lo discuten los especialistas.
Debido a su carácter misógino y misántropo, elitista y aristocrático, estaba convencido de que la gente apestaba y que todos somos ignorantes que no merecemos oportunidad alguna. Haciendo amigos. Nadie escapaba de la crítica, sino vean la opinión que tenía del padre de la cultura occidental,  “Homero es digno de ser echado de los certámenes y ser abofeteado”. Tampoco triunfó con la sutileza que exige la vida política, sobretodo cuando admitía que “todos mis conciudadanos efesios deberían morir y los niños ser expulsados de la ciudad” o “prefiero jugar a los dados que gobernar la república con vosotros”. No era un hombre popular aunque tampoco fomentó lo contrario, preguntado “¿Por qué calláis, Heráclito?” éste respondió “Porque vosotros habláis”. Rehusó la invitación del rey Darío de Persia diciéndole que “no le acomodaba” la vida cortesana que le ofrecía. Chúpate esa. Demetrio en su obra "Colombroños" (el nombrecito tiene guasa) asegura que no quiso viajar a Atenas debido a la alta opinión que de sí mismo tenía.
            Fastidiado de los hombres, se retiró a los montes y vivió manteniéndose de hierbas, pero afectado de hidropesía (retención de líquidos) regresó a la ciudad donde preguntó enigmáticamente a los médicos “si podrían de la lluvia hacer sequía” pero no entendieron su demanda. Finalmente se fue a vivir a un estercolero convencido, si era cubierto de heces de vaca, de que el calor del estiércol le absorbería las humedades. No fue así y murió al día siguiente, ya ven,  en la contradicción del convencimiento de que el logos era seco mientras que  él estaba hasta las trancas de humores... y estiércol.
Aún así no ha sido el filósofo más odiado. Después de todo sus ideas han servido de base para el progreso del hombre y así se ha reconocido. No obstante Sócrates, siempre irónico y elegante en la crítica dijo de su obra que “es necesario de un nadador delio para no ahogarse en ella”. Como para meterse en el agua.

Perrunos

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El término “cínico” es un vocablo que se usa para designar aquella persona de dudosa posición, que dice digo donde quiso decir diego y además de jacta con sorna de una situación que no resulta cómoda para su interlocutor. Hoy por hoy el cínico es un individuo poco popular. Para qué engañarnos, es el típico tío que camina por la calle pensado que dispone de licencia para pisar el cuello de los demás.
Sin embargo los filósofos cínicos son otra cosa. El término “cínico” viene del griego “Cynikós”, que significa “perruno” o las cualidades de la condición de ser perro. Los más académicos dicen que estos filósofos se reunían en el gimnasio de “Cynosarges” o del “perro blanco”. Y como es habitual para los lectores de esta sección, ustedes se estarán preguntando ¿qué tiene que ver la perrunez con la filosofía? Pues mucho. Es el historiador Carlos García Cual el que ha llamado por su nombre a este nutrido y peculiar conjunto de filósofos griegos que vivieron, en su mayoría, allá por los años en los que Alejandro Magno hacía temblar al mundo. Su nombre, la “Secta del perro”. Fueron, sin lugar a dudas, los primeros “hippies” de la historia. Para que vean que ya está todo inventado. El pensador cínico no llevaba una vida encadenada a las posesiones materiales, al contrario confiaba en lo que da la tierra, no tenía ni poseía objetos, no usaba dinero, mendigaba el favor de los conciudadanos, criticaba todo estilo de vida que conllevase no disfrutar de los dones que da la naturaleza y que la vida diaria y estresante nos arrebata, tales como un amanecer o un atardecer (espectáculos diarios a los que casi nadie asiste) el olor de las flores y del resto de la naturaleza (encorsetado en un universo de desodorantes y colonias), pasear con tranquilidad y perderse rumbo a ninguna parte (ajenos a esa obsesión tan nuestra de llegar cuanto antes no se sabe bien por qué), en fin, aceptar la vida conforme a la naturaleza, despreciando las normas sociales establecidas con el optimismo y la indiferencia crítica que tienen los perros.
Como podemos ver, ir contra lo establecido ha sido casi una constante en la historia de la humanidad y el primer filósofo que adoptó esta posición del modo más llamativo y divertido fue Diógenes de Sínope o el cínico. Este peculiar personaje iba contracorriente en todos los sentidos como lo refleja sus anécdotas cada cual más divertida; jamás tuvo posesión alguna y trató siempre de hacer comprender a los demás de la inutilidad de estar amarrado a los objetos. No tenía casa, vivía de aquí para allá, refugiándose de las inclemencias del tiempo cuando no eran soportables pero, por ejemplo, aprovechando la lluvia para mejorar su higiene personal cuando otros corrían a resguardarse. Solía reflexionar en el interior de un tonel que, dicho sea de paso, nunca consideró de su propiedad, tal es así que cuando el tiempo y la circunstancia lo destruyó, ni se desanimó ni lo lamentó, ahora que tampoco buscó otro. Cuentan los cronistas que disponía de una sencilla toga como única y exclusiva prenda de vestuario; un día al entrar en un baño público la dejó colgada en la entrada, con toda la suciedad y los piojos imaginables. Pues bien, un filósofo rival suyo, Calicles, se la cambió por una rica toga con bordados de oro. Cuando Diógenes salió del baño y no encontró el trozo de trapo que le servía para cubrir su desnudez, ni que decir tiene que se fue desnudo a la calle. También cuentan de que disponía de un cuenco de madera para comer el alimento que los ciudadanos le daban cuando mendigaba, pero cuando vio como un niño usaba la palma de su mano para beber, decidió tirarlo. Incluso cuenta la leyenda que Alejandro Magno fue a visitarlo para conocer al famoso filósofo que, en esa ocasión, estaba tomando el sol. “¿qué es lo que quieres, Diógenes?, el hombre más poderoso de la tierra te concederá lo que le pidas”, le dijo Alejandro al filósofo. “Pues apártate que me estás tapando el Sol”. Como pueden ver otro mundo es posible desde la filosofía, incluso hacer ver al más pintado que todos estamos hechos del mismo lodo perruno.


martes, 7 de junio de 2011

“Vida de Wittgenstein”


              Como les prometí en uno de los últimos artículos publicado en este blog, donde les conté detalles y anécdotas del “Tractatus Logicus-Philosophicus”, una de las más importantes obras del pensamiento del siglo XX, vamos a narrarles brevemente la vida de su autor, un filósofo atormentado y puñetero, sufridor al máximo y “tío raro” donde los haya, se trata de Wittgenstein. Ludwig Josef Johann (Luís José Juan) Wittgenstein, lo llamaremos “Witt” para abreviar, nacido en 1889, fue el menor de ocho hermanos. Su padre, austriaco de ascendencia judía y carácter complicado e irascible, se convirtió al protestantismo. El padre de Witt, Karl, fue el hombre más rico de su tiempo, mediados del siglo XIX, ya que era el magnate de la industria del hierro y el acero de Centro Europa. Con una inmensa fortuna familiar, Karl trató a sus hijos de forma severa, les obligó a estudiar ingeniería y a llevar una vida austera a pesar de la pasta. Algo bueno. El padre de Witt se convertiría en el mecenas de los artistas austriacos, por lo que era muy habitual ver en los salones de su mansión a pintores como Klimt o a músicos como Brahms o Mahler, personalidades que influenciarían en el carácter de Witt, sobre todo en la apreciación de la música como arte. Niño prodigio y de una increíble habilidad manual, compartió patio de escuela con Adolf Hitler, que tenía casi su misma edad. Estudió ingeniería en Manchester, Gran Bretaña, hasta la muerte de su padre y de la obligación impuesta, dedicándose a lo que realmente le gustaba, la filosofía lógica y el pensamiento ético. Para ello se puso en contacto con el genial lógico alemán Gottlob Frege, que lo animaría a estudiar en Cambridge con Bertrand Russell, conocida autoridad del pensamiento lógico mundial que trataba de fundamentar las matemáticas desde la lógica, para que ustedes lo entiendan ¿qué fue primero, las matemáticas o la lógica? Pues la lógica.
Como todo genio, Witt era raro, raro, raro y en Cambridge chocó con toda la rígida disciplina de profesores. Caminaba a medianoche, apenas dormía, farfullaba constantemente y dejaba petrificados a propios y extraños con sus controvertidas opiniones, procuraba estar siempre a oscuras y admitía que hablar con personas inteligentes “prostituía su pensamiento”. Pero un genio es un genio y Bertrand Russell no habría completado su obra a no ser por las aportaciones de Witt, por lo que se le propuso la redacción de una tesis doctoral como condición para darle una cátedra. Se negó, como no podía ser de otra forma, dejó la universidad y se alistó en el ejercito alemán como artillero voluntario. La Primera Guerra Mundial dejó en su carácter una huella imborrable, admitiendo de antemano la derrota y la experiencia traumática de la muerte. Condecorado al valor demostrado en el campo de batalla, fue hecho prisionero. Su influyente familia consiguió su liberación pero él renunció a ese privilegio, solicitando el traslado a una unidad médica que combatía una epidemia de fiebre tifoidea. Finalmente fue repatriado y regresó a Cambridge, donde publicó su conocido “Tractatus”, escrita en el mismo campo de batalla, obra genial que le dio empleo como profesor de universidad. Pero esa vida apenas la soportó durante cuatro años y se marchó de los ambientes selectos y aristocráticos para hacerse maestro de escuela rural y ayudar a los agricultores reparando maquinaria pesada para las cosechas. Tras la experiencia pastoril volvería a Cambridge. La gente rica siempre lo tildó de excéntrico ya que siempre fue rechazada por Witt. Quizás fuese el primer pensador “antisistema”, mientras sus colegas paseaban con almidonados cuellos encorbatados, Witt lucía una camisa sin corbata, cuello abierto, un desafiante aspecto estético. Homosexual reprimido, se casó con una joven vienesa que confesó en sus memorias que Witt dedicaba las noches a rezar, atormentado por su condición, naturalmente se divorciarían. Una vez fuera del armario, valentía incuestionable en esos años de entreguerras, se enamoraría consecutivamente de dos de sus alumnos de Cambridge. El primero, muerto de la polio en 1941, fue una tremenda pérdida para Witt. Desengañado definitivamente del academicismo, se marchó cual “probe Migué” a una cabaña en la costa irlandesa hasta el fin de sus días. Un genio, intrépido pensador, fue el auténtico doctor House de la filosofía. Cuentan que un estudiante le dijo: “Dr. Wittgenstein, no tengo ni idea sobre el tema de mi tesis doctoral, estoy muy confuso”, a lo que Witt respondió: “Sólo por eso debieran de darte la cátedra”.

domingo, 5 de junio de 2011

“Parménides y el Ser”

                 Hoy voy a regalarles una bonita anécdota existencial y un extravagante juego de palabras para comerse el coco, tan extraño y fascinante éste último que nunca más, tras leerlo, volverán a ser los mismos. Hace muchos, muchos siglos, vivió en la península Itálica, en la ciudad de Elea, un griego llamado Parménides. De semblante serio, mirada adusta y egregia y paternal barba blanca, Parménides paseaba a menudo seguido de sus discípulos que, sedientos del conocimiento y la ciencia que les ofertaba el maestro, trataban en vano de descifrar uno de los primeros y más grandes descubrimientos de la filosofía, una inescrutable verdad, que en forma de acertijo escrito en verso, traería de cabeza a todos los pensadores posteriores de la historia. Entre cerrando los ojos y ante el silencio del alumnado presente, Parménides sentenciaba, como poseído por una verdad divina ajena a él, “El Ser es y el no ser, no es”. Ahí es nada (Mal dicho, por cierto. Ya lo entenderán más adelante). Bien leído, es decir, leído con detenimiento y digerido o reflexionado, la sentencia de Parménides de Elea le parece, a más de un ciudadano, una de esas verdades de Perogrullo. ¡Hombre, claro! ¿Cómo es posible que no sea el Ser, si el Ser, de por sí mismo “es”? ¡Es imposible que “no sea”! Eso le corresponde al No-Ser. Lejos de darle la fama a Perogrullo, Parménides manifestó, por primera vez en la historia no sólo una de las principales leyes de la lógica (El Principio de Identidad, donde se declara que A es igual a A y que es distinto, irreconciliablemente de No-A, las cosas claras, por favor), y no sólo eso, sino que realizaba una declaración de principios sobre el conocimiento humano. Para entender cualquier cosa, sólo la razón es la herramienta útil. Los sentidos, engañosos de por sí, no solucionan los problemas interiores del pensamiento. Entender es un problema que necesariamente se soluciona con pensar, por eso, “El Ser y el Pensar” son lo mismo, añadía Parménides para cerrar el enigma filosófico. Tal enigma no es tan extraordinario. El Ser o la “existencia”, si lo prefieren, sólo adquiere sentido dentro del campo del pensar ¿Quién sino proporciona una explicación satisfactoria a las preguntas que ustedes se realizan, tales como el sentido de sus vidas, el por qué de su existencia, a dónde va a parar el alma tras la muerte? Pues el pensar. Así que una cosa lleva la otra. Esto lo entiende cualquiera, tal es así que en una ocasión conocí a un taxista que me lo demostró, durante una conversación en su taxi, al más estilo parmenídeo. Desde aquí un abrazo a Manolo, el entrañable taxista onubense que, poeta en sus ratos libres entre carrera y carrera o parada y parada, escribió un poema que conservo con cariño, titulado “Del Ser es el ser y del No Ser la nada”. Cuando el locuaz taxista conoció mi condición filosófica, le faltó tiempo, detenidos en un semáforo en rojo, para sacar su maltrecho portafolio y leerme como si estuviésemos en una de aquellas tertulias poéticas que montaba María Zambrano, la filósofa-poeta, en su casa de Málaga. “Del Ser es el ser y del No-Ser es la nada, o más bien hablar del No-Ser y Nada es lo mismo, más aún, ¡No se puede! ¿Pero cómo quiere hablar usted de algo que no existe? ¿Estamos locos o qué? El buen taxista, ajeno al mundo de la filosofía profesional (benditos amateurs), se sintió fastidiado cuando le conté que su original poema ya tenía precedentes clásico. De cualquier forma se sintió satisfecho de haber llegado por sus propios medios hasta la verdad de un griego del siglo VI antes de Cristo. Jueguen al acertijo de Parménides y sean participes del pensamiento, que nunca está de más, déjense invadir por la trascendencia y asuman que su existencia y su pensamiento son uno. Encontrarán el sentido de sus vidas.

jueves, 2 de junio de 2011

“Un tipo llamado Sócrates”

                    Da risa cuando uno lee la prensa, escucha la radio o ve televisión, no necesariamente en ese orden, y asiste a ese fuego cruzado de declaraciones de políticos, periodistas, tertulianos, echándose en cara si conviene o no esa asignatura, que muchos escolares-bachilleres han descubierto hace poco o que próximamente van a descubrir, llamada “Filosofía y Ciudadanía”, la última transformación nominal de la tradicional “Filosofía” de toda la vida. Y es que el ciudadano de a pie, en general, no está muy contento con la definición de ciudadano que circula por ahí o de los futuros ciudadanos que están por venir. Consumistas y violentos, obsesionados con su derecho pero no con sus obligaciones, los jóvenes ciudadanos dejan que desear y además, les importa un bledo eso del compromiso, la tolerancia y la ciudadanía. Los padres, desbordados miran con avidez y urgencia al ámbito de la educación, a ver qué se puede hacer. Difícil está la cosa. La educación, en si misma, sólo puede hacer una cosa, ilustrar de forma ejemplar, que no es poco. Para esos que no saben qué es un ciudadano, ahí va esta historia entre la leyenda y la fábula moral. Trata de un tipo llamado Sócrates. El bueno de Sócrates, como muchos de nosotros, nació en una familia muy humilde, allá por el siglo V antes de Cristo. Hijo de Fenareta y Sofronisco, matrona y escultor respectivamente, Sócrates no heredó el talento del padre para el arte y realizó distintos trabajos que ocuparon su juventud junto con la formación de un filósofo seguidor del legendario Heráclito, aquel que decía que en la vida todo cambia y nada permanece fijo en su sitio. Estas ideas a Sócrates no le hicieron mucha gracia y defendió justamente lo contrario: hay cosas que permanecen fijas y gracias a ellas la vida es posible, por ejemplo la virtud, el bien y la justicia. En su juventud ya se convenció que ser ciudadano consiste en mantener un compromiso con los demás ciudadanos desde la defensa de lo más justo. Con esta idea tuvo la ocasión de defender a los ciudadanos atenienses en las Guerras del Peloponeso, al menos en tres ofensivas como soldado de infantería ligera, un “hoplita”, soldado que sólo con casco, peto y jabalina se enfrentaba en masa al enemigo del campo de batalla, donde salvó la vida al estratega Alcibíades, desde entonces gran amigo suyo y discípulo. A ver cuantos ciudadanos de hoy están dispuestos a dar la vida por el resto, alguno hay pero no tantos. Atenas, su ciudad, perdió la guerra, lo que la sumergió en varias décadas de problemas políticos y tiranías, después del esplendor de la democracia de Perícles. La ciudad quedaría bajo el mando de un grupo de políticos corruptos y violentos denominado “los Treinta Tiranos”, con el nombre ya está todo dicho. Sócrates, celoso ciudadano comprometido, se enfrentó con los Treinta del mejor modo posible, el político, a través de la dialéctica y el discurso, atacando a los que trataban de imponer sus posturas que desbordaban todo rastro de justicia y bien. ¿Quién sería capaz de enfrentarse a la injusticia y el abuso de los políticos? Sócrates lo hizo. Lógicamente ésto le creo muchos enemigos, sobre todo en una sociedad donde la hipocresía y la doble moral estaban a la orden del día. Sócrates se dedicó a conmover las conciencias de los otros ciudadanos sin compromiso y se inspiró en el oficio de su madre, la comadrona, viéndose así mismo como una “partera” que saca la idea del bien de la cabeza de los demás. Buscaba entre sus conciudadanos a la persona más sabia ya que, humilde e irónicamente,  declaraba que sólo sabía que no sabía nada. El Oráculo de Delfos, a la pregunta ¿Quién es el hombre más sabio? respondió: “Sócrates”. Era un tábano para sus enemigos, una mosca cojonera para los políticos que no cumplen, un amigo para el resto. Finalmente sus enemigos se salieron con la suya y lo juzgaron y condenaron a morir ingiriendo cicuta, un terrible veneno. Aunque tuvo ocasión de escapar no lo hizo para que el ejemplo cundiera ante la injusticia. ¡Qué cunda, qué cunda! Pero qué cunda hoy. Menos queja gratuita y más compromiso socrático es lo que hace falta.Da risa cuando uno lee la prensa, escucha la radio o ve televisión, no necesariamente en ese orden, y asiste a ese fuego cruzado de declaraciones de políticos, periodistas, tertulianos, echándose en cara si conviene o no esa asignatura, que muchos escolares-bachilleres han descubierto hace poco o que próximamente van a descubrir, llamada “Filosofía y Ciudadanía”, la última transformación nominal de la tradicional “Filosofía” de toda la vida. Y es que el ciudadano de a pie, en general, no está muy contento con la definición de ciudadano que circula por ahí o de los futuros ciudadanos que están por venir. Consumistas y violentos, obsesionados con su derecho pero no con sus obligaciones, los jóvenes ciudadanos dejan que desear y además, les importa un bledo eso del compromiso, la tolerancia y la ciudadanía. Los padres, desbordados miran con avidez y urgencia al ámbito de la educación, a ver qué se puede hacer. Difícil está la cosa. La educación, en si misma, sólo puede hacer una cosa, ilustrar de forma ejemplar, que no es poco. Para esos que no saben qué es un ciudadano, ahí va esta historia entre la leyenda y la fábula moral. Trata de un tipo llamado Sócrates. El bueno de Sócrates, como muchos de nosotros, nació en una familia muy humilde, allá por el siglo V antes de Cristo. Hijo de Fenareta y Sofronisco, matrona y escultor respectivamente, Sócrates no heredó el talento del padre para el arte y realizó distintos trabajos que ocuparon su juventud junto con la formación de un filósofo seguidor del legendario Heráclito, aquel que decía que en la vida todo cambia y nada permanece fijo en su sitio. Estas ideas a Sócrates no le hicieron mucha gracia y defendió justamente lo contrario: hay cosas que permanecen fijas y gracias a ellas la vida es posible, por ejemplo la virtud, el bien y la justicia. En su juventud ya se convenció que ser ciudadano consiste en mantener un compromiso con los demás ciudadanos desde la defensa de lo más justo. Con esta idea tuvo la ocasión de defender a los ciudadanos atenienses en las Guerras del Peloponeso, al menos en tres ofensivas como soldado de infantería ligera, un “hoplita”, soldado que sólo con casco, peto y jabalina se enfrentaba en masa al enemigo del campo de batalla, donde salvó la vida al estratega Alcibíades, desde entonces gran amigo suyo y discípulo. A ver cuantos ciudadanos de hoy están dispuestos a dar la vida por el resto, alguno hay pero no tantos. Atenas, su ciudad, perdió la guerra, lo que la sumergió en varias décadas de problemas políticos y tiranías, después del esplendor de la democracia de Perícles. La ciudad quedaría bajo el mando de un grupo de políticos corruptos y violentos denominado “los Treinta Tiranos”, con el nombre ya está todo dicho. Sócrates, celoso ciudadano comprometido, se enfrentó con los Treinta del mejor modo posible, el político, a través de la dialéctica y el discurso, atacando a los que trataban de imponer sus posturas que desbordaban todo rastro de justicia y bien. ¿Quién sería capaz de enfrentarse a la injusticia y el abuso de los políticos? Sócrates lo hizo. Lógicamente ésto le creo muchos enemigos, sobre todo en una sociedad donde la hipocresía y la doble moral estaban a la orden del día. Sócrates se dedicó a conmover las conciencias de los otros ciudadanos sin compromiso y se inspiró en el oficio de su madre, la comadrona, viéndose así mismo como una “partera” que saca la idea del bien de la cabeza de los demás. Buscaba entre sus conciudadanos a la persona más sabia ya que, humilde e irónicamente,  declaraba que sólo sabía que no sabía nada. El Oráculo de Delfos, a la pregunta ¿Quién es el hombre más sabio? respondió: “Sócrates”. Era un tábano para sus enemigos, una mosca cojonera para los políticos que no cumplen, un amigo para el resto. Finalmente sus enemigos se salieron con la suya y lo juzgaron y condenaron a morir ingiriendo cicuta, un terrible veneno. Aunque tuvo ocasión de escapar no lo hizo para que el ejemplo cundiera ante la injusticia. ¡Qué cunda, qué cunda! Pero qué cunda hoy. Menos queja gratuita y más compromiso socrático es lo que hace falta.