jueves, 19 de enero de 2012

Nos siguen pegando abajo

              El título del artículo de hoy pertenece a una canción de Miguel Ríos,
en su disco "El año del cometa del cometa", creo recordar que de 1984, que me perdone Marcelo Romero la posible inexactitud de mis palabras. No escribo nada desde antes de navidad por varias razones. En primer lugar la grave enfermedad de mi madre que ha ido a peor durante las fiestas, una cuestión personal que no voy a desarrollar. En segundo lugar, mi trabajo, los exámenes y la evaluación correspondiente. Creo que he sido excesivamente benévolo, pero en fin, así es la vida...suena el timbre. Tengo que ir a clase, ahora continuo... Ya estoy aquí de nuevo. La vida se está transformando es ese agón diario que tanto temía y amaba Unamuno, Don Miguel. Siempre Don Miguel, le digo a mis alumnos. Su falta de respeto es sintomática con unos tiempos que nos han perdido el respeto. Hoy mi perorata suena al gemido de la criatura burguesa oprimida. ¿Quizás tengo que soportar estoica y proletaria mente que un lapón me de un mordisco en los cojones o tengo que hacer epogé intelectual de todo esto? ¿Currante o privilegiado? No sé si alguna vez hemos sido privilegiados, imagino que sí, si nos comparamos con los negros de Etiopía, pero verán, no puedo soportar la carga moral de haber nacido en Occidente y en el Capitalismo, no se me puede pedir a mí una compensación histórica que no puedo dar. Currante he sido toda mi vida. Hijo de viuda al que nadie dio nada. Pobrecito pero pobrecito hablador, eso sí. Si uno trabaja toda su puta vida para lograr un trozo de pan y un rato de tranquilidad, como un cromañón después de una cacería, hoy tenemos la sospecha que nos quieren quitar el trozo de pan o que cazamos en coto privado. La vuelta al comunismo me parece la única solución razonable y verán por qué. Estamos venga a pagar y pagar y después unos pocos privilegiados siguen en sus pedestales de oro ajeno apropiado. Paguemos todos, trabajemos todos, recojamos juntos la cosecha, amasemos el mismo pan y comamos juntos. Pero no, mi vecino, Periquito de los Palotes quiere el miajón para él sólo. Y la mantequilla. Y las piezas de la matanza. Y el virgo de la molinera. Nos han jodido, no, nos están jodiendo a base de bien. Y el gasoil sin bajar y yo haciendo 300 Km diarios para ir y volver de un trabajo al que quieren cortarle las alas. Panta Rei, todo fluye, si, pero cuesta abajo.