jueves, 20 de octubre de 2011

Muy pronto los audios de Logos

"Daisy,  Daiiiiiiisyy..."

MUY PRONTO 
LOS AUDIOS 
DE "LOGOS" DISPONIBLES 
TAMBIEN EN  ESTE BLOG a través de
WWW.CAMELOTRADIO.COM Y EN LA PLATAFORMA
WWW.IVOOX.COM/LOGOS 2.0

"Haciendo Amigos": Por Joaquín Cabanillas Serrano, filósofo y periodista


Tengo el gusto de invitar a mi blog al filósofo y periodista ( y sin embargo amigo) Joaquín Cabanillas Serrano. ¡Gracias, canijo, un saludo! Disfruten de su escrito.
"MENTIRAS NOCIVAS"
Cometí el error de ver “El señor de la guerra”. Error o acierto, no estoy seguro. Porque confirmar las sospechas de vivir en un universo dominado por la hipocresía me angustia y me libera.
Una liberación egoísta, porque el común de los mortales, el ciudadano de a pie, el que disfruta de la cervecita de mediodía o el cannabis nocturno, queda exento de toda culpa. Una liberación personal, porque el mundo está abarrotado de buenas personas, simplemente, por no implicar la destrucción de ningún congénere; simplemente por tragar las penas, cantar las alegrías, pagar las letras y cobrar las ilusiones que una vida normal te puede proporcionar. Libres de pecado, culpables de minucias… El mundo está abarrotado de buenas personas, de vidas dueñas y esclavas, de corazones agitados, de razones oprimidas y placeres encarcelados. Buenas personas, sabios de sus días, pero ignorantes, quizá afortunadamente, de los hilos transgresores cargados de tufo maligno.
Cometí el error de ver “El señor de la guerra”. Porque, aun liberado de culpa, tengo el alma salpicada de mierda. Porque, por más que estemos inmersos en un mundo abarrotado de buenas personas, los hilos transgresores rodean el cuello del angustiado ciudadano decente. Porque tras el horario laboral, el partido de la champions, el pan, la hipoteca y el circo, se esconde un universo de malas personas, de auténticos hijos de puta. Aquellos defensores de la seguridad mundial que lo único que defienden es una estructura económica basada en la aniquilación a cualquier precio. Aquellos que promulgan leyes y manifiestos en pos de ese mundo mejor posible, y que, por encima de sus babas llenas de güisqui de salón caro, sólo son capaces de imponer la selección natural del descerebrado. Aquellos que persiguen al inocente, estando ellos cargados de tanta culpa como para no abandonar jamás el peor de los infiernos. Aquellos portadores de trajes bajo los cuales esconden almas envenenadas de mala vida. Aquellos de tan buena cara, mentirosos compulsivos que arrastran sus miserias con la complacencia de ellos mismos, de los defensores del mundo.
A mí, al menos, ya no me engañáis más. Sabré de mi condena, asumiré mi falsa libertad, y lucharé, con el modesto auspicio de un viejo teclado, por vomitar letras en lo alto de los que han salpicado mi alma de mierda. A los que hablan de paz, viviendo de las armas de guerra. A los que hablan de vida saludable, viviendo por y de los grandes alijos nunca encontrados. A los que trafican con medicinas, y te hacen creer que algunas enfermedades se acabarán curando… A los grandes mandatarios, a los salvadores del mundo, a los mecenas de un mundo abarrotado de buena gente… Habéis destrozado la humanidad, pese a lo cual, obligado estamos la buena gente, seguiremos poniendo parches en vuestras nocivas mentiras para que la cervecita de mediodía y el cannabis nocturno no nos haga vomitar sobre vuestras infectadas existencias. Cometí el error de ver “El señor de la guerra”…

martes, 18 de octubre de 2011

“Un inmigrante llamado Aristóteles”


         Ahora que pintan bastos y se escucha alguna que otra trasnochada voz de ecos reaccionarios pidiendo una España para los españoles y si hay trabajo que sólo lo aprovechen los de aquí y con carné, dando cancha a las propuestas inglesas sobre el trabajo y los inmigrantes que los ocupan, les voy contar una historia verídica, que diría el bueno de Paco Gandía, que en gloria esté, y espero que conmueva sus cotidianas vidas desde la filosofía. Nuestra historia comienza en el siglo V a. C. con un joven que nació y se crió en una tierra pobre y pedregosa llamada Estigiria, un erial cercano a Tracia, donde los pastores andaban descalzos sobre las rocas tras los menguados rebaños de escuálidas cabras. Dentro de lo malo, que era mucho, la familia del inmigrante que nos ocupa, un niño por aquel entonces, estaba muy relacionada con el rey de Estigiria; los padres del chico eran los médicos de la corte, una corte austera que no salía de su miseria y que tarde o temprano sería conquistada por cualquier otra ciudad estado más rica y fuerte. Comer cada día era todo un logro, pero un logro mayor fue conseguir el dinero suficiente para mandar al chico a la escuela más importante del mundo conocido: la Academia de Platón en Atenas. Con una toga nueva y un par de sandalias recién cosidas, el joven dejó atrás su familia, sus amigos, e ingresó en la escuela más elitista de Grecia. Ingresó como aprendiz-ayudante y alumno, es decir, humildemente comenzó pagando su estancia y su formación con su trabajo codo con codo con los esclavos. Sus compañeros atenienses en la escuela eran tan chovinistas, racistas e intolerantes con todo aquel que no había nacido en Atenas, que de forma despectiva lo llamaban “meteco”, que significa “extranjero” en el peor sentido de la palabra. Tuvo que soportar mofas y burlas irracionales de todos, excepto de su maestro, Platón, que rápidamente se dio cuenta de que el joven inmigrante valía y mucho, tanto que, contra pronóstico se convirtió en su brazo derecho y candidato a sucederle tras su muerte como director de la Academia. Pero muerto su maestro y protector, el joven Aristóteles, que permaneció como alumno casi treinta años, se convirtió en sólo un incordiante “meteco” sin derechos civiles (que no tenían), hecho que aprovecharon los envidiosos para exiliarlo de Atenas por conspirador. Ni falta que le hacía la Academia de Platón. De regreso a Estigiria, que ya había sido conquistada por Filipo II de Macedonia, padre de Alejandro, montó su propia escuela, con tanto éxito que el padre de Alejandro lo contrataría como su tutor personal. Por aquel entonces, ya un hombre maduro, su fama de filósofo se igualaba a la de su maestro, incluso la superaba. Se trasladó a Macedonia y, a pesar de la fama ¿adivinan? los macedonios jamás lo aceptaron por extranjero y, asesinado Filipo II en un complot palaciego, su buena relación como maestro con Alejandro Magno, su sucesor, se vio con malos ojos por todos los envidiosos que, aprovechando que el joven Alejandro conquistaba el mundo, lo expulsaron de Macedonia. Otra vez al exilio, ¡qué importa ser el pensador más importante del mundo antiguo! Casi sin poder donde ir, Aristóteles vuelve a Atenas tras ser conquistada por los macedonios de Alejandro, donde la antigua Academia está en decadencia y funda el Liceo, el más grande centro de estudios del mundo griego, donde se investigarían todas las ramas de las ciencias naturales y del pensamiento durante varios años. ¡Hasta laboratorios tenían! Una mañana llega la noticia de la muerte de Alejandro Magno y en Atenas se despertó un importante sentimiento “antimacedonio” contra todos los no atenienses. ¡qué importa ser un ciudadano modelo y el director del centro de investigación más importante! ¡Al exilio, a la lapidación! Decepcionado por la intolerancia, Aristóteles huiría a su Estigiria natal para acabar sus días en el anonimato de una vida domestica, tranquila y anónima, cansado de tanto estúpido que quería desahogar su frustración en los extranjeros, arrebatándoles los derechos, negándoles su trabajo, ignorando sus aportaciones, reclamando una presunta propiedad del trabajo y la tierra que sólo pertenece al que los riega con su sudor. Tal vez algún anónimo Aristóteles ecuatoriano o senegalés camina por nuestras calles, héroes anónimos golpeado por el martillo de la intolerancia. Sin ir más lejos un médico colombiano salvó la vida de mi hijo y de mi mujer. Pensemos en los válidos y los mejores, sobre todo ahora que pintan bastos, independientemente de su lugar de nacimiento. Y eso es el significado etimológico del nombre “Aristóteles”, que en griego quiere decir “El mejor entre unos pocos”. Mire usted por dónde.

jueves, 6 de octubre de 2011

Debate sobre el estado de la educación


              Hoy apenas voy a dar clase por que hay huelga de alumnos por el estado de la educación. Con motivo del estado modificado de la educación, les rescato hoy un artículo que escribí hace dos años y fue publicado en la desaparecida revista "Lepeurbana". Antes de que se pongan a ello, es decir a la lectura, les aviso que el tema es la "Educación  para la Ciudadanía". Antes me voy a despachar sobre lo de la huelga. Verán, algunos dirán que soy un reaccionario por que no voy a la huelga. Que digan lo que quieran. Yo tengo otras prioridades: primero mi niño y mi mujer que tengo que darles de comer, y no puedo permitirme perder el sueldo de un día en una lucha perdida, donde los políticos van a decidir y hacer al final lo que les salga de los cojones. En segundo lugar, soy kantiano, me gusta cumplir con mi deber y me gusta mi trabajo de profesor, así que aquí estoy poniendo faltas al que no viene, como ordena la ley (que cada uno sea responsable de sus actos, si yo voy a la huelga, entonces pierdo parte de mi sueldo, si un alumno va  a la huelga, entonces se le pone falta sin justificar, que entre ustedes y yo, no es para tanto) y entrando en aulas vacías para luego marcharme desolado mientras en mis oídos suena "Desolation Row", de  egregio Bob Dylan, alias, Robert Zimmermann (se que es al revés pero conocemos más a Bob por Bob, no por Robert) al que hoy es posible que den el premio Nobel. No se lo podré contar a mis alumnos ausentes. Despierten, que están dormidos, diría Heráclito, siempre ha sido así, se impone la ley del más fuerte y poderoso, diría Calicles. Les narro la gesta para que comprendan. La huelga está convocada por el Sindicato de Estudiantes (al que yo mismo pertenecí mientras fui estudiante allá por la época en la que era ministro de educación el ínclito Maravall) y el miércoles mandaron un escueto comunicado, más desinformativo que informativo, que llamaba a la movilización de los alumnos. Sobre las causas nada se decía salvo que íbamos a ser el único instituto que no se iba a poner en huelga, ¡algo que no podían consentir!Algo que es como no subirse al carro de los tiempos. Y hablamos de una comunidad autónoma, la Extremeña, que no ha sufrido recortes en educación. Bueno, bien, vale, de acuerdo, como diría la niña de "Shreck", ese pilar del pensamiento único. Una lástima porque mis alumnos de ESO se pierden la explicación pertinente sobre la población española, esa que se ha puesto en huelga, manipulada y sin saber por qué (aunque soy consciente que muchos alumnos son conscientes y han ido a la huelga legítimamente y a sabiendas de su carga personal y ejercicio de responsabilidad, pero también los hay que van al bulto,a los novillos libertarios sin móvil ideológico y ácratas de un jueves entre semana, como cantara Sabina, ¡hay! lástima que se haya quedado afónico y sólo se preocupa de royaltizar musicales con su nombre y sus canciones). Algunos no se pueden permitir la huelga, como yo. Mis alumnos de 2º de bachillerato no saben el mal que se hacen a sí mismo faltando, porque  luego, por mucho que protesten, la selectividad se les va a venir encima como el monstruo burocrático que es y no les valdrán sopas con hondas, sino que más bien las recibirán. Yo haría lo que hacen los japoneses, iría a todas las clases, tendría el expediente académico más brillante para batirme el cobre por ahí y luego a la manifa a ciscarme en todo lo ciscable, ministerios, ministros, delegados y la madre que los parió. Pero como siempre, diría Parménides, escogemos la vía fácil, la vía de la doxa, de la opinión, la vía, en definitiva, del no-ser. Nuestro mundo se descomponen y en medio de la crisis tratamos de seguir adelante, que no es poco.Y ahora disfruten de mi artículo.
     Asistía el otro día a una conferencia del ínclito Vitorino Mayoral, licenciado en derecho y encargado funcionarial y fundacional de esa asignatura que tanto ha dado que hablar llamada “Educación para la ciudadanía”, asignatura que, si la autoridad lo permite, la impartirán los licenciados en filosofía ( que no los filósofos). Como buen tecnócrata, don Vitorio elaboró un discurso moderado, lineal y justificadamente histórico, recordando el carácter salvador y necesario de otra vuelta de tuerca educativa que, prometen los candidatos electorales, será la protagonista de la siguiente temporada.
Después de narrar las gestas educativas de Grecia, con la dura, castrense y visceral educación espartana y los idealizados logros del siglo de Perícles ateniense, recordó que toda la trayectoria de la cultura humana ha desembocado en las democracias occidentales, el paraíso de los ciudadanos que todo bárbaro emigrante busca para salvar su maltrecho destino lejos de la sociedad del bienestar y la abundancia. Esta sociedad idílica en la que vivimos exige actualizaciones intelectuales y educativas, sobretodo después de sufrir esta ola de multiculturalismo que nos invade, por que es hora de añadir a los curriculums estudiantiles una nueva medicina del alma, una nueva asignatura que nos ayude a asimilar crucifijos, velos y coranes, rollos de primavera y conciencias descritas en alfabeto cirílico. Ese santo grial de la educación será la “Educación para la ciudadanía”, que a pesar de tener unos contenidos que ya existían en otra signatura que se llama “Ética”, se independiza con vocación de servicio público. Pero existe un problema: los ciudadanos de a píe, padres y alumnos, no saben para qué sirve ni para qué ha sido diseñada. Y llegamos al núcleo de la cuestión y de la anécdota. Le pregunté al señor Mayoral con qué intención social se crea esta asignatura y cuáles son las expectativas de los profesores, alumnos y padres, porque ambas, intención y expectativa, caminan por diferentes caminos. Mayoral, inflado de idealismo y empujado por las conciencias ilustradas de Montesquieu, Rousseau y Kant dice que esta asignatura nace ahora, a inicios del siglo XXI, porque la humanidad comienza a madurar y necesita de un profundo conocimiento de los conceptos de “derecho humano” y “ciudadanía”, la historia conspira para que los hombres, ansiosos de conocer, se miren el ombligo civilizado, la tolerancia exige un esfuerzo por alcanzar la paz perpetua y el bien común y bla, bla, bla, bla,.... Entonces, al oír esto, levanté tímidamente la mano y contesté que la gente de la calle no tiene esa percepción tan idealista y literaria de las cosas. Padres preocupados y alumnos desmotivados creen que la “Educación para la ciudadanía” va a salvarles el cuello educativo en la escuela, en casa y en la calle, va recuperar la educación que no adquieren los hijos en sus hogares, esos hogares golpeados por las hipotecas que hacen que ambos padres estén trabajando todo el día y que sus hijos estén desatendidos, enganchados a la “pley” o a cualquier sustancia estupefaciente, en barbecho del buen comportamiento. Esta “Educación para la ciudadanía”, creen muchos padres, va a recuperar aquellas enseñanzas que en otra época se llamó “urbanidad”, buen comportamiento, algo que si parece que se necesita a espuertas, por que nuestra “perfecta” sociedad de la abundancia, el ocio y el consumo, está llena de alumnos psicópatas que propinan, sólo o en cuadrillas de veinte, palizas a diestro y siniestro, a maestros, profesores o tímidos ciudadanos, lo graban con un móvil y luego lo “cuelgan” en internet para satisfacción personal y del personal, una sociedad llena de chicos adolescentes que cada fin de semana, tras agredir verbal y físicamente a sus padres, ya sea por venganza por un matrimonio roto o por perversa diversión, salen de marcha para pasear por los límites del coma etílico, una sociedad formada por una juventud casi analfabeta funcional, que lee con mucha dificultad, apenas escribe coherentemente una frase o dos, está desmotivada para aprender cualquier cosa y se encuentra cada vez más instalada y cómoda en el fracaso escolar y laboral. El alumnado español es el más mediocre de Europa y tal vez del mundo. Si, tiene razón el señor Mayoral, hemos entrado en el siglo XXI por la puerta grande, somos agentes de la historia y cabalgamos a hombros de los gigantes de la Ilustración, Montesquieu, Rousseau y Kant. Y mientras tanto, dos tipos, los amos del bipartidismo patrio, como si no hubiesen más alternativas políticas, se ladran en un debate televisado, apostando por ofrecer al saldo el mejor modelo educativo, enseñar más inglés y más tecnología. ¿Sabrán algo de los problemas reales de la educación? Como dirían mis alumnos en lenguaje SMS: “FCK U”.

lunes, 3 de octubre de 2011

EL SENTIDO DE LA VIDA

 
¡No estamos locos, que sabemos lo que queremos...!
             Si les digo que a lo largo de este artículo voy a desvelar el secreto del sentido de la vida, es seguro que muchos lectores aguantarán hasta el final, tal vez por una vez, con la lectura de mi sección. El sentido de la vida es el secreto más perseguido por el ser humano y es una persecución equívoca por que muchos piensan que el sentido de la vida es una solución universal para los problemas de todos y cada uno de nosotros y no es así. Al contrario, el sentido de la vida es único, personal e intransferible para cada ser humano, para criatura viviente. Por lo tanto todo lo que se diga aquí tendrá un carácter puramente orientativo para cada lector de Lepeurbana y por extensión para cada habitante del planeta Tierra. Como pregunta radical que es, la pregunta por el sentido de la vida toma cuerpo en cada cuerpo, en cada unidad de carne, huesos, el hombre es un extraño fruto de sangre que crece en el asfalto, dice el poeta, y en ese magma biológico se suma un elemento fundamental e indispensable: el alma, el espíritu, la mente, tiren el dado y elijan. Fundamental porque sin el, el o ella, no se da la pregunta por el sentido de la vida. Seria frustrante que la pregunta sobre el sentido de la vida fuera solo eso, una pregunta sin respuesta, que no es poco, por que la filosofía, después de todo, es la capacidad de hacerse preguntas radicales, mejores cuanto más radicales son. ¿Recuerdan aquel grupo de irreverentes cómicos televisivos británicos llamados Monty Python? Dedicaron una de sus películas al tema del sentido de la vida. Aunque cómicos (y lo cómico no te quita lo filosófico, ya decía Ludwig Wittgenstein que seria posible escribir una historia de la filosofía a base de chistes, tomen nota los amigos leperos), los Monty Python siempre mezclaron la filosofía con el humor. El sentido de la vida, dicen, reside, no en la vida misma, sino en el hecho de “nacer”, es decir, se nace para vivir y la vida es breve y hay que aprovecharla al máximo, “carpe diem”, decía el estoico romano Horacio. ¿Reside el sentido de la vida en vivir a tope? No lo olviden para el fin de semana y la resaca del lunes. Otra alternativa es la donación de órganos, eso sí, cuando no los usemos, por que si los damos en vida, acortamos dramáticamente nuestra existencia. La donación de órganos es un acto de altruismo póstumo que se saborea antes de morir y que da sentido a muchas personas que viven de un modo muy “light”. Ya ven, nacer, dar lo que ya no usamos, otra alternativa es reproducirnos, que no está mal en los preliminares y soportable en su desarrollo. El sentido de la vida obedece al intento de seguir viviendo después de morir, extendiendo nuestra semilla y procreando como el único modo de seguir viviendo. Freud decía que el Universo sigue una tendencia cósmica erótica de la que participa el hombre, lo llamó “Eros”. Esto da al sexo una interesante posición como respuesta al problema del sentido de la vida, así lo afirma el castizo dicho de “¡A f... que el mundo se acaba!”, seguramente el sabio anónimo se había dejado llevar por sus expectativas apocalípticas y milenaria (“¡el milenarismo vieeeeene!”, decía el dramaturgo Fernando Arrabal), sólo con el “¡A f...!” le habría bastado, aunque quizás no habría convencido a tantos. Sin embargo, aunque la perspectiva de la práctica del sexo como sentido de la vida es atractiva, una vez consumado el acto, vuelve el vacío, el desasosiego y un cigarrito. De momento no basta con haber nacido, aprovechar el tiempo, echar un kiki y donar el cuerpo para la ciencia. Quizás nos veamos obligados a buscar el sentido de la vida en un ámbito más trascendente, en un espacio límite y fronterizo como la muerte. Lo dijo Jean-Paul Sartre, padre el existencialismo francés, y como comprobarán a continuación el alma de las fiestas, “quizás el único sentido de la vida sea la muerte”, ¡toma ya! Vamos, que nacemos para morir, no sabemos cuándo, lo que da un poco de suspense a la vida. Coincido en mucho con los argumentos de Sartre, el sentido de la vida es vivir...mientras se pueda y nos dejen. Vivir radicalmente es anterior y fundamental a cualquier otro aspecto de la vida. Y vivir, nos guste o no, conlleva morir. No quiero amargarles la lectura, por eso quiero terminar el artículo con una imagen sacada del film de Monty Python, “El sentido de la vida”: un condenado a muerte corre desesperadamente delante de un nutrido grupo de guapas chicas es “topless”, es acorralado frente a un barranco y es empujado por la masa de hembras semidesnudas , pero antes de caer se recrea con la vista de la escena y sonríe. Su último deseo. Va a morir como deseaba. Ha vivido como quería. Ese es el sentido de la vida. Tomen nota.