jueves, 29 de septiembre de 2011

CONTRA EL MÉTODO

 
Querido lector, ¿Es usted una persona metódica y pautada? ¿Está acostumbrado a desarrollar sus actividades paso a paso a través de estrictos protocolos? ¿Ha trazado un plan maestro para llevar a cabo un proyecto personal o un plan de vida? Seguir un método, ya sea para sobrevivir en la cotidianidad, para investigar o simplemente establecer estrategias, es una característica propia del ser humano. Buscamos el orden donde sospechamos que lo hay o donde intuimos que habita el caos, buscamos el orden exista o no en nuestras vidas. La entropía y el desorden es uno de los peores enemigos de la mente humana ya que lo que escapa al control de la explicación racional nos infunde terror y pánico. Tomen por ejemplo la aprensión cotidiana que se genera cuando acudimos al médico y éste nos dice que tiene que someternos a una batería de análisis; tenemos más miedo de lo que pueda ocurrirnos que de lo que nos ocurra de hecho. Para soportar este desasosiego generado por lo inesperado, el hombre ha recurrido a una vida metódica y regulada por normas que comuniquen seguridad.
La filosofía ha aportado un elevado número de métodos para sobrellevar en lo cotidiano este vacío que se presenta en el desorden. El método, sea cual sea, nos rescata de un estado “caído”, que diría Martín Heidegger, el filósofo alemán, el hecho de sentirnos no sólo inseguros sino desamparados. Uno de los primeros pensadores en formular un método, útil tanto para la ciencia como para la vida, fue René Descartes. El racionalista francés, inspirado por la geometría, escribió “Discurso del método”, donde nos propone una serie de pasos que se muestran resolutivos para todo. Un método es una forma de encarar la vida, solucionar los problemas y continuar con la existencia. El método es seguridad. Por el contrario, para muchos una vida metódica es signo de aburrimiento, decadencia e incluso de esclavitud, ya que el método suele ser rutinario y repetitivo, en definitiva, poco creativo. El método no permite elegir al que lo realiza.
Son estos últimos los que piensan que la invención del método no es más que una patraña, un brindis al Sol que no lleva a ninguna parte desde esa rutinaria repetición. ¿Quién sigue un método después de todo? No existen procedimientos del todo fiables tanto para la ciencia como para la vida y quien se vanagloria del uso de éstos, está cayendo en el pecado de la hipocresía. Esta idea fue desarrollada por el filósofo norteamericano, de origen austriaco, Paul K. Feyeraben, en su obra “Contra el método”, donde plantea la “anarquía epistemológica”, declarando la quiebra de toda estrategia. No existen métodos, tanto en la ciencia como en la vida, sólo existe un desarrollo del devenir histórico donde el azar de las circunstancias históricas y el juego de las voluntades se aunan con la anárquica y libertaria actitud creativa. Contra el método está la inventiva y la creatividad, lo espontáneo y lo novedoso, en ocasiones lo más insospechado.
Coincidirá conmigo, amigo lector, que la rutina cansa y a veces se nos antoja como la más grande de las falsedades. No hay nada peor que saberse prisionero del entramado de una realidad cansina y repetitiva, llena de protocolos y normativas que no dan la más mínima “vidilla”. Aunque es verdad que no es posible vivir y existir sin cierto método que apoye nuestra supervivencia, ha que admitir que la creatividad y cierto grado de anarquía también son necesarios para darle sabor a los días. No hay vida plena sin cierta dosis de creatividad ya sea para mejorar en el trabajo diario e incluso para mantener viva la llama de las relaciones de parejas. Pregúntele a su parienta si prefiere la seguridad diaria o renovar la “llama del amor” con un giro inesperado. No existen métodos fiables cien por cien, pero la creatividad ayuda a seguir adelante. Déjense llevar por la sonrisa de una cierta anarquía y luchen contra el tedio del método y de una vida envarada y aburrida.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

REIFICACIÓN

Comenzar un nuevo año en la consecución de una sección dedicada a la filosofía y la vida cotidiana con un “palabro” tan atragantable como “reificación” puede parecer cuando menos atrevido y arriesgado. Pero no se desesperen queridos lectores, ya que podrán comprobar en seguida que estamos más cerca de eso de la “reificación” de lo que sospechamos. ¿Nunca se han sentido “hombre-objeto”?¿No han tenido la sensación de apreciar que lo humano se dispersa y diluye cual aspirina efervescente? A este proceso de “volverse cosa”, se denomina “reificación”. Pero comencemos a matizar. Dónde y cuándo uno se convierte en cosa y deja de lado su humanidad es el primer punto a aclarar. Una persona se vuelve cosa en dos direcciones: una, lo vuelven cosa, es decir, lo tratan como un objeto, sin ningún tipo de consideración; por ejemplo, nos vuelven objeto cuando en la seguridad social nos tratan como un mero número y el médico pasante de turno no levanta la nariz de su recetario para curarnos esa tos que no se nos quita y no nos tiene en ninguna miramiento, tal como si el doctor House nos atendiera. Otro ejemplo, nos convertimos en cosa, objeto o mercancía cuando en nuestro empleo no somos más que un factor que contribuye ciegamente al enriquecimiento del patrón y del empresario, que te tiene contratado bajo mínimos y se jacta de hacerte un favor mundial. También somos hombres-cosa cuando nuestras parejas nos tratan como meros medios “para-lo-que-sea” y como un fin de vida juntos. Segunda dirección, nos volvemos cosa; este proceso, que en lenguaje común algunos denominan “engorilamiento”, en un ardid metafórico sólo posible en el sur,  es en el que nos sumergimos cuando voluntariamente dejamos de lado toda preocupación humana y despreciamos toda circunstancia ajena en beneficio propio, normalmente económico, sexual o de poder. Así pues, la “cosificación” o “reificación” es un proceso bidireccional y particularmente característico de nuestro tiempo. Muchos disfrutan en un lado u otro del proceso, dejándose cosificar o cosificando a troche y moche. El lugar habitual de la reificación es el puesto de trabajo, pero créanme cuando les digo que cualquier lugar es bueno para desplegar nuestra mala leche con el prójimo. Esta idea fue ampliamente desarrollada por Carlos Marx, el padre, junto con Engels, de la filosofía marxista y que alimentó definitivamente la ideología comunista y socialista. Aunque para muchos se trata de una filosofía compleja, ya verán que son habas contadas y no hay más cera que la que arde. A menudo olvidamos que el hombre es hombre y humaniza todo lo que toca y hace, así nuestro trabajo también merece un respeto y una consideración, al igual que nuestra fuerza de trabajo o el producto de nuestro trabajo. Querido lector, nadie puede jugar con nuestro trabajo, nuestro esfuerzo, nuestras habilidades y, por supuesto, con nuestra circunstancia, despreciándola. No olviden que detrás de cada voz humana hay una circunstancia y una historia, alguien que siente y que padece y que no merece ser tratado con las prisas y el desprecio que parece exigir este moderno modo de vida atrozmente inhumano y perverso. No cosifiquen al amigo que le pone la gasolina en el surtidor, no lo confundan con el surtidos ni con el dueño de la CAMPSA, no cosifiquen al inmigrante que le ofrece un paquete de pañuelos de papel, no lo conviertan en kleenex, traten con humanidad a esa legión de vendedores que les atienden cada día en las tiendas y los mercados, a los camareros que lo más rápido dentro de sus condiciones de posibilidad les sirven el café y la cerveza, a los  operadores que infructuosamente les ofrecen telefónicamente por enésima vez un producto que están obligados a venderles, a todos aquellos que tienen un trato con el público, porque ni a usted ni a mi nos gusta que nos conviertan en cosa.

martes, 27 de septiembre de 2011

EL MUNDO PERTENECE A GOLDMAN SACHS

Hace años, cuando era estudiante, leí con atención la obra de George Orwell "1984"; por aquella época  (el 1984 real) vi por televisión en el programa "Metrópolis", los más viejos se acordará, un especial sobre el momento contradictorio en el ficción y realidad se entrecruzaban, y de debatía si el "1984" de Orwell había llegado hasta nosotros. Los más pesimistas decían que sí, que ya pertenecíamos al Gran Hermano, encarnado en los bancos, las corporaciones económicas, etc. Ese pesimismo me parecía excesivo. Yo era más optimista, un niño de 14 años, en definitiva, que aunque había perdido a su padre un año anterior aquejado de cancer, trataba de ser valiente para salir adelante. Había que ser optimistas. Ahora tengo 41. Y ya no soy en absoluto optimista. Hoy, cuando me desplazaba al trabajo (salvo de noche de casa y el trayecto dura 1 hora y 30  minutos) me acordaba del desasosiego que mostraban los ojos de Rick Deckard (Harrison Ford) cuando observaba con laxitud un futuro que lo estaba devorando hasta el tuétano de los huesos. Estaba en el recuerdo cuando escuche la noticia el RNE 1, decían que un corredor de bolsa iraní afincado en Londres, un "inversor", se hacía llamar, había sido entrevistado en la BBC y sus declaraciones sobre la economía mundial no tenían desperdicio: "no se engañen, yo sueño con la desgracia ajena, yo sueño con las recesiones económicas por que me hacen ganar dinero, la desgracia ajena es mi alegría, y me da igual, los gobiernos no pueden hacer nada por sacarles del atolladero, Goldman Sach (la agencia de inversiones y calificaciones) gobierna el mundo". Sentí un escalofrío y me acordé de Orwell y del Gran Hermano. Somos comparsas, somos replicantes, con Roy Batty, como Rick Deckard, pellejudos que esperan en silencio desaparecer como lágrimas en la lluvia. ¿Qué herencia les vamos a dejar a nuestros hijos? Muy sencillo, la de siempre, la herencia humana, demasiado humana: la avaricia, la maldad, la ignorancia, la indiferencia... El mundo va decididamente mal.

lunes, 26 de septiembre de 2011

APOLOGÍA DE FERNANDO

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Anoche ví a Fernando Savater en televisión y me he acordado de algo.Voy a contarles una historia filosófica muy cortita que aconteció hace muchos, muchos siglos. Érase una vez que se era un filósofo que le gustaba mucho charlar y siempre decía la verdad a la gente. Las dos cosas no son muy adecuada porque el que habla mucho se hace pesado y mucho más si te dice siempre la verdad. La verdad jode. A nadie le suele gustar. Por ejemplo, mi mujer me engaña... está lloviendo y no tengo paraguas...mi jefe es un sieso y quiere despedirme...me han encontrado un bulto. En fin, el hombre es el único animal que miente. “Homo Falaz”. Pues al grano, este filósofo parlanchín, de tanto decir la verdad a la gente, jodía un taco. Anytos no argumenta adecuadamente, luego Anytos quiere tomarnos el pelo, Melitos tiene aviesas intenciones con el gobierno, luego hay que tener cuidado con Melitos. Lógicamente, Anytos y Melitos vieron al filósofo como una amenaza. Entonces estos individuos comenzaron a hablar mal del filósofo y a decir cosas como que corrompía a la juventud y que no era respetuosos con los dioses. Al final lo llevaron a juicio y convencieron al jurado de que merecía la muerte. Y muchos ciudadanos estuvieron de acuerdo con a absurda condena. El filósofo se llamaba Sócrates y la historia de cómo lo condenaron a muerte la contó Platón, de las pocas voces que salieron a defenderlo. Quién nos iba a decir, don Fernando, que usted y yo nos veríamos alguna vez en una de estas, redactando una apología o defensa, frente a la amenaza de ser filósofo, de ser libre, en definitiva, de ser. Ya tuve en una ocasión, llena de protestas ciudadanas, de manos blancas y de rabia contenida por la impotencia pacifista, la posibilidad de poner mi nuca a disposición de los mal nacidos terroristas, como reacción revulsiva, cansado de tanto mal y tanta estupidez; fue desde otro medio de comunicación, cuando el cobarde asesinato de Miguel Ángel Blanco, crónica de una infamia anunciada ¿lo recuerda? Seguro que sí. Pues bien, la noticia, cuando la escuché en la radio, me resultó inquietante. No me malinterprete, maestro, siempre que se amenaza a alguien, resulta inquietante. Ocurre que usted, como yo, es filósofo. Y ambos nos dedicamos a la verdad. Y la verdad jode. Y a los etarras les jode que usted, como yo, piense que el nacionalismo vasco no es más que un subproducto del pensamiento romántico y que reivindica una serie de valores caducos y absurdos, un sentido de la patria y de la sangre imaginario que sirve de escondite a las comadrejas psicóticas de, niñatos inadaptados que tras inflarse de calimocho deciden quemar cajeros automáticos y autobuses, y adultos psicópatas que sin digerir adecuadamente su cortada leche materna ven en la violencia la única vía con la que tratar al ser humano, algo que les resulta extraño por que no son humanos en absoluto. Moraleja, nadie está a salvo del terrorismo. Aun así, quiero hacer ver a los respetables lectores de Logos, nuestro bendito hogar electrónico-editorial, fruto de una sociedad demócrata y universalista, la importancia que tiene una figura como la de usted y por qué se ha convertido en objetivo de los bárbaros “hideputas”, que diría Alatriste. Un hombre como usted, autodeclarado libre, autónomo, crítico, ajeno a todo tipo de dogmas y manipulaciones, ejerce como autoridad del pensamiento ético y social, despierta otras conciencias y actúa contra lo irracional, haciendo ver que eso del nacionalismo vasco y su cacareada autodeterminación a costa de la vida de otros no es más que un enorme contenedor de estiércol sin razón. Usted hace temblar en sus madrigueras a esos chacales, que temen más a las palabras, las que usted dice, que a las balas. El filósofo es molesto por definición, un tábano que remueve el poso del pensamiento estancado. Al frente de la plataforma ciudadana “Basta Ya”, ha puesto usted más de un rostro colorado, más de una opinión del revés. Y es eso, un ciudadano más que se atreve a hablar en voz alta y guardar silencio ante los marrulleros mafiosos abertzales, miembro de una mayoría que no cede ante el chantaje de la violencia. De estos presuntos agentes de la historia no se va a recordar ni su puñetera madre A ver si de una vez por todas, gracias a sus discursos henchidos de honesta moral ciudadana, don Fernando, esta gentuza practicante de la esquizofrenia nacionalista-totalitarista se preocupa de vivir y no tanto de esa obsesiva y abstracta propiedad del sitio donde se suponen que viven, a ver si se preocupan de respirar y no de levantar acta de propiedad del aire que se respira o de quitarle la respiración a otros. Difícil lo veo, pero bueno. A ver si estos sordos patológicos, estos ciegos que se han arrancado los ojos con las excusas del lenguaje, de la cultura, de la tierra, estos mudos que sólo hablan por la boca de las pistolas se van dando cuenta que su demanda va contra la vida y lo universal, va contra el paisano anónimo que sólo quiere comer su pan en paz, va contra el que piensa y no necesita a nadie que piense por él o le digan qué tiene que pensar. Ni vencerán ni convencerán. Ahí queda eso.

viernes, 23 de septiembre de 2011

¡Ir a las cosas mismas! (“ZÜRUCK ZU DEN SACHEN SELBTS!”)


“Al pan, pan, y al vino, vino”. Esta sería la formulación castiza y un poco mostrenca de uno de los lemas más importantes de la historia del pensamiento. Claro que los estirados catedráticos de universidad y los académicos profesores, tan especiales ellos, nunca cometerían la torpeza de realizar esta sentencia dentro de estos términos vinícolas y panaderos. Ellos la recitarían haciendo suyas las palabras del egregio pensador alemán que las enunció, Edmundo Husserl. Hagamos un poco de historia.
         Edmundo Husserl nació en el seno de una familia judía alemana. Niño prodigio y excelente estudiante, no como los niños de ahora, se apasionó por las matemáticas, la psicología y la filosofía. Dejó atrás el colegio y la escuela superior con rotundos éxitos académicos e ingresó en la universidad convirtiéndose en el alumno aventajado del conocido filósofo y matemático Franz Brentano (ahórrense el premio). Brentano (y dale) es el padre de la psicología descriptiva, teoría que haría mella en el joven Husserl. Esta teoría viene a decir que cuando pensamos en algo, se piensa desde la intención de pensar ese algo desde nuestra propia vida, es decir, lo más importante viene a ser “pensar” y “vivir”. La “vivencia” es fundamental. Pensamos en lo que vivimos, lo demás no nos interesa. Husserl sintonizó de maravilla con las teoría de Brentano. Si tenemos que buscar una respuesta a la pregunta sobre el sentido de nuestras vidas, ésta se encuentra justo ante nuestras narices: tenemos que pensar en la vivencia personal y las cosas que participan de ella. Así para resolver el misterio de la vida, hay que “Ir a las cosas mismas”, hacernos una idea subjetiva y propia de los eventos que nos rodean, pensar en sus intenciones, en sus intereses, llegar al “meollo” de los asuntos. Se dan la mano aquí dos mundos separados pero unidos en el hombre, el mundo físico de las cosas materiales, y el mundo de ideas que hemos pensado sobre lo anterior. Conviene entonces recordar que detrás de cualquier cosa se encuentra una intención, una voluntad, alguien que haciendo gala de su libertad, trata de realizar algo.
         Esto sería en líneas generales la base de la Fenomenología, una de las complejas corrientes de la filosofía pero ya ven que nada es demasiado complejo si se sabe explicar. Los filósofos fenomenólogos han usado este modo de pensamiento para pensar cualquier ámbito de la realidad pero parece que se han interesado casi exclusivamente en la poesía como género literario capaz de comunicar verdades como puños, mejor que la filosofía o la ciencia. Pero su método es aplicable a todo, tomen por ejemplo la selección española de fútbol. Si es lo dice uno de los paisanos habituales de la taberna, filósofo fenomenológico aunque no lo sabe. ¿Qué hacemos con el problema de Mourinhio? ¡Al pan, pan, y al vino, vino! ¡Ir a las cosas mismas! Si Mou entrena mal ¿por qué Aragonés vuelve al Madrid? Tras ese acto de marginalidad deportiva y gracias a la fenomenología vemos la intencionalidad del entrenador: envidia cochina de no tener ni la edad ni el palmarés del portugués ¡Vamos, no joda! “ZÜRUC ZU DEN SACHEN SELBTS!”, parece mentira, dejarnos comer el seso por semejante sandez.

jueves, 22 de septiembre de 2011

Heráclito, el oscuro sieso de Éfeso

 
En esta entrada de hoy les traigo la semblanza de un filósofo que fue un sieso y que dio mala prensa al triste colectivo de los filósofos. Huraño, misógino, elitista y narcisista en extremo, Heráclito de Éfeso era ese yerno que ninguna suegra hubiese querido sentado a la mesa de la cena de Pascua. Hijo de Blisón, nació el año de la 69ª Olimpiada (así contaban los griegos los años) en Éfeso, ciudad situada en la costa noroeste de Turquía,. Allí nació una joyita que ya de infante ejercía de niño repelente. En su infancia admitió “no saber nada pero que iba aprendiendo inexorablemente”, sin embargo cuando terminó su formación reconoció “saberlo todo”, siendo autodidacta puro y duro. No iba a necesitar una abuela que lo alabase ante los dioses. Su única obra, Sobre la naturaleza, de la que se conservan fragmentos poco claros,  fue escrita adrede incomprensible para que sólo la entendiesen unos pocos. Esto le costó el mote de “ el oscuro”, no por su tostado tono de piel sino por lo  incomprensible y lo enigmático de sus palabras. Carne de cuplé chirigotero. La doctrina filosófica de Heráclito se resume en estas sentencias, “Todo fluye". Todas las cosas provienen del fuego y en él se resuelven, se hacen según el logos, la razón, y en la tensión de contrarios se ordenan. Todo está lleno de almas y demonios”. Ya ven que tiene cancha interpretativa. Sólo les diré que contempla la realidad como un ente en continuo cambio y sólo podemos conocerla gracias al uso del logos o razón. Lo demás todavía hoy en día lo discuten los especialistas.
Debido a su carácter misógino y misántropo, elitista y aristocrático, estaba convencido de que la gente apestaba y que todos somos ignorantes que no merecemos oportunidad alguna. Haciendo amigos. Nadie escapaba de la crítica, sino vean la opinión que tenía del padre de la cultura occidental,  “Homero es digno de ser echado de los certámenes y ser abofeteado”. Tampoco triunfó con la sutileza que exige la vida política, sobretodo cuando admitía que “todos mis conciudadanos efesios deberían morir y los niños ser expulsados de la ciudad” o “prefiero jugar a los dados que gobernar la república con vosotros”. No era un hombre popular aunque tampoco fomentó lo contrario, preguntado “¿Por qué calláis, Heráclito?” éste respondió “Porque vosotros habláis”. Rehusó la invitación del rey Darío de Persia diciéndole que “no le acomodaba” la vida cortesana que le ofrecía. Chúpate esa. Demetrio en su obra "Colombroños" (el nombrecito tiene guasa) asegura que no quiso viajar a Atenas debido a la alta opinión que de sí mismo tenía.
            Fastidiado de los hombres, se retiró a los montes y vivió manteniéndose de hierbas, pero afectado de hidropesía (retención de líquidos) regresó a la ciudad donde preguntó enigmáticamente a los médicos “si podrían de la lluvia hacer sequía” pero no entendieron su demanda. Finalmente se fue a vivir a un estercolero convencido, si era cubierto de heces de vaca, de que el calor del estiércol le absorbería las humedades. No fue así y murió al día siguiente, ya ven,  en la contradicción del convencimiento de que el logos era seco mientras que  él estaba hasta las trancas de humores... y estiércol.
Aún así no ha sido el filósofo más odiado. Después de todo sus ideas han servido de base para el progreso del hombre y así se ha reconocido. No obstante Sócrates, siempre irónico y elegante en la crítica dijo de su obra que “es necesario de un nadador delio para no ahogarse en ella”. Como para meterse en el agua.

FILOSOFÍA Y HUMOR

 
                 A mediados de año tiene lugar en la universidad de la capital hispalense, “Filosofía y humor” el  congreso de filósofos para el humor, donde tengo el honor de participar como filósofo residente. Desde este blog he  apostado y fomentado el uso de la sonrisa como un arma cargada de futuro, como diría el poeta, quizás la única arma que debiera tener el hombre para afrontar la vida cotidiana. Muy a pesar del envaramiento mental y la forzada sobriedad de los académicos y los catedráticos que jamás se revelan con una sonrisa, tengo el más absoluto de los convencimientos de que la filosofía y el humor están tan íntimamente conectados que no podrían existir la una sin el otro.
Fue Emmanuel Kant, el filósofo con menos sentido del humor del mundo, en su obra “Crítica del juicio”, donde alumbraba con la frialdad del pensador ilustrado pietista que desmonta un tinglado, que el humor es un sentimiento estético que nace ante la conciencia de percibir una ruptura en la cadena de causa y efecto. Dicho así, nada tiene gracia, la verdad, así que veamos un ejemplo. Ante una causa dada (por ejemplo un tipo rechoncho y gordote que va a sentarse en una silla), un efecto contingente a ésta (sigue el ejemplo, alguien aparta la silla y nuestro rechoncho protagonista se cae de culo) despierta en nosotros la sonrisa, la sorna, incluso el descojone (lo normal en la línea de causa y efecto es que el gordote se siente). ¿Qué es la ironía sino una contingencia entre referente y sentido buscada y consciente? Si la contingencia es graciosa (ya que el ser en su plenitud no es contingente y por lo tanto gracioso), entonces no hay nada más humorístico que lo filosófico ni nada más filosófico que lo humorístico.
Conviene recordar esto a los sesudos académicos, que ya combatiera Santo Tomás de Aquino, que el humor es una poderosa arma crítica que ya se usaba desde la sofística contra el idealismo dogmático de Platón, pasando por el descaro prematuramente“hippie” del cínico Diógenes de Sínope y su tonel contra la avasalladora koiné helenística de Alejandro Magno, del “Elogio de la locura” de Erasmo de Rótterdam hasta la martilleante aforística nietzscheana.
El pensador vienés, afincado en Oxford, Ludwig Wittgenstein estaba seguro de que podría escribirse una obra filosófica buena y seria compuesta enteramente de chistes, si uno entiende el argumento filosófico correspondiente, entonces entenderá el chiste. Fíjense si no en mi demostración de que yo soy el Papa: Si demuestro que 2+2=5, entonces yo soy el Papa; si restamos 2 a cada lado del término queda 2=3, invirtiendo los términos tenemos 3=2 y restando 1 a cada lado obtenemos 2=1. De modo que, como el Papa y yo somos dos personas y 2=1, entonces el Papa y yo somos uno. Luego yo soy el Papa. El argumento no es mío, sino del irreverente pensador lógico Bertrand Russell, el mismo cachondo mental que inventó el argumento para no cumplir años ¡úsenlo en sus fiestas de cumpleaños y serán la sensación! Se trata del argumento de la inducción “humerística” (se lo debemos al filósofo escocés David Hume) que afirma como cierto aquello que viene ocurriendo siempre (aunque no sepamos que va a ocurrir mañana), así que será cierto que mañana saldrá el Sol por que hasta el día de hoy ha salido siempre; por esta regla de tres en todos mis cumpleaños hasta ahora he cumplido menos de 35 años, por lo que por inducción, en mis próximos cumpleaños cumpliré menos de 35. ¡Joven para siempre y gracias a la filosofía!... y una sonrisa en los labios.

Perrunos

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El término “cínico” es un vocablo que se usa para designar aquella persona de dudosa posición, que dice digo donde quiso decir diego y además de jacta con sorna de una situación que no resulta cómoda para su interlocutor. Hoy por hoy el cínico es un individuo poco popular. Para qué engañarnos, es el típico tío que camina por la calle pensado que dispone de licencia para pisar el cuello de los demás.
Sin embargo los filósofos cínicos son otra cosa. El término “cínico” viene del griego “Cynikós”, que significa “perruno” o las cualidades de la condición de ser perro. Los más académicos dicen que estos filósofos se reunían en el gimnasio de “Cynosarges” o del “perro blanco”. Y como es habitual para los lectores de esta sección, ustedes se estarán preguntando ¿qué tiene que ver la perrunez con la filosofía? Pues mucho. Es el historiador Carlos García Cual el que ha llamado por su nombre a este nutrido y peculiar conjunto de filósofos griegos que vivieron, en su mayoría, allá por los años en los que Alejandro Magno hacía temblar al mundo. Su nombre, la “Secta del perro”. Fueron, sin lugar a dudas, los primeros “hippies” de la historia. Para que vean que ya está todo inventado. El pensador cínico no llevaba una vida encadenada a las posesiones materiales, al contrario confiaba en lo que da la tierra, no tenía ni poseía objetos, no usaba dinero, mendigaba el favor de los conciudadanos, criticaba todo estilo de vida que conllevase no disfrutar de los dones que da la naturaleza y que la vida diaria y estresante nos arrebata, tales como un amanecer o un atardecer (espectáculos diarios a los que casi nadie asiste) el olor de las flores y del resto de la naturaleza (encorsetado en un universo de desodorantes y colonias), pasear con tranquilidad y perderse rumbo a ninguna parte (ajenos a esa obsesión tan nuestra de llegar cuanto antes no se sabe bien por qué), en fin, aceptar la vida conforme a la naturaleza, despreciando las normas sociales establecidas con el optimismo y la indiferencia crítica que tienen los perros.
Como podemos ver, ir contra lo establecido ha sido casi una constante en la historia de la humanidad y el primer filósofo que adoptó esta posición del modo más llamativo y divertido fue Diógenes de Sínope o el cínico. Este peculiar personaje iba contracorriente en todos los sentidos como lo refleja sus anécdotas cada cual más divertida; jamás tuvo posesión alguna y trató siempre de hacer comprender a los demás de la inutilidad de estar amarrado a los objetos. No tenía casa, vivía de aquí para allá, refugiándose de las inclemencias del tiempo cuando no eran soportables pero, por ejemplo, aprovechando la lluvia para mejorar su higiene personal cuando otros corrían a resguardarse. Solía reflexionar en el interior de un tonel que, dicho sea de paso, nunca consideró de su propiedad, tal es así que cuando el tiempo y la circunstancia lo destruyó, ni se desanimó ni lo lamentó, ahora que tampoco buscó otro. Cuentan los cronistas que disponía de una sencilla toga como única y exclusiva prenda de vestuario; un día al entrar en un baño público la dejó colgada en la entrada, con toda la suciedad y los piojos imaginables. Pues bien, un filósofo rival suyo, Calicles, se la cambió por una rica toga con bordados de oro. Cuando Diógenes salió del baño y no encontró el trozo de trapo que le servía para cubrir su desnudez, ni que decir tiene que se fue desnudo a la calle. También cuentan de que disponía de un cuenco de madera para comer el alimento que los ciudadanos le daban cuando mendigaba, pero cuando vio como un niño usaba la palma de su mano para beber, decidió tirarlo. Incluso cuenta la leyenda que Alejandro Magno fue a visitarlo para conocer al famoso filósofo que, en esa ocasión, estaba tomando el sol. “¿qué es lo que quieres, Diógenes?, el hombre más poderoso de la tierra te concederá lo que le pidas”, le dijo Alejandro al filósofo. “Pues apártate que me estás tapando el Sol”. Como pueden ver otro mundo es posible desde la filosofía, incluso hacer ver al más pintado que todos estamos hechos del mismo lodo perruno.


viernes, 16 de septiembre de 2011

Pitágoras y la secta de los números


Después de varias semblanzas filosóficas y anécdotas biográficas de esos personajillos, llenos de energía vital, que son los filósofos, entre ellos en artículos anteriores, Parménides de Elea, Heráclito de Éfeso o Diógenes de Cnido, hoy dedicamos estas líneas a la secta del número y a su fundador, Pitágoras de Samos. La primera vez que tuve contacto con Pitágoras fue, al igual que les ha ocurrido a ustedes, en mi época escolar, un territorio idealizado y mágico en la memoria. Cuando los niños apreciaban la escuela y respetaban a los profesores, cosa rarísima hoy, todo el conocimiento transmitido tenía resonancias míticas y misteriosas. Uno de esos conocimientos arcanos era el teorema de Pitágoras. Yo imaginaba al bueno de Pitágoras como un sano y maduro griego barbado, encerrado en una estancia a la luz de un candil de aceite de oliva, rodeado de legajos y papiros llenos de signos matemáticos. Con el tiempo descubrí que Pitágoras tal vez ni existió. No existe testimonio escrito del Pitágoras histórico, por lo que tiene todos los tintes de ser un personaje legendario que si tal vez no existiera, si es posible que tras su nombre se escondieran dos o varios filósofos y matemáticos de su tiempo. Nació y vivió en la isla de Samos, el mismo misterioso enclave que sirvió de inspiración para que San Juan Evangelista redactase durante un delirio extático el Apocalipsis o libro de las Revelaciones. Samos es una isla que inspira sin duda a eso de la filosofía y el misticismo. Lo que si está históricamente demostrado es que alguien, ese Pitágoras legendario, fundó una escuela filosófica que estaba rígidamente dirigida por unas reglas o disciplinas muy parecidas a las que siguen los frailes. Sus discípulos, los pitagóricos, integrantes, e intrigantes, de la secta de los números, si fueron muy conocidos. Los que ingresaban en la secta pitagórica renunciaban a sus familias y a sus posesiones, iniciando una nueva vida representada en el simbólico ritual del “Taurobolium”, donde el iniciado era desnudado y bañado en la sangre de un toro degollado, simulando el momento del parto. Vestían túnicas blancas que los distinguían del resto, severos vegetarianos, tenían voto de castidad y silencio y juraban por el “tetractis”, una formulación de la divinidad de los números.  La secta de los números no tenían exclusivamente una intención contemplativa y religiosa; los pitagóricos defendían particulares proyectos políticos con los que trataban de desbancar a los tiranos de las ciudades-estado griegas para dirigir ellos la sociedad desde unos patrones muy utópicos. Ni que decir tiene que eso no les convertía en personajes populares en el campo de la política, por lo que fueron perseguidos. Los pitagóricos habían tomado prestadas muchas creencias religiosas procedentes de la primitiva religión griega llamada “orfismo”, entre ellas la creencia irracional de la inmortalidad del alma y la posibilidad de la reencarnación.  Los seguidores de Pitágoras estaban convencidos de que la esencia del mundo real son los números, entes matemáticos, abstractos, perfectos, base de todo lo existente y por lo tanto poseedores de cualidades divinas dignas de la adoración religiosa. Creencias místicas aparte, la intuición numérica de los pitagóricos es perfectamente asimilable en nuestra realidad ¿no se preguntan hasta que punto los números participan en nuestra vida? ¿no estamos determinados por una talla y peso numéricos? ¿y nuestra ropa, no sigue un canon numérico? Todo es nuestro mundo digital siguen el patrón de los ceros y los unos, el índice de coeficiente de inteligencia se mide en números al igual que las calificaciones de los niños en los colegios, el DNI, el número de la seguridad social. La ciencia, además de su dimensión práctica, siempre desemboca en un ejercicio de matemática. Física, química, economía, administración, todo es número y todo depende de ellos. Se atribuye a Pitágoras la sentencia “la ciencia de los números y la fuerza de la voluntad abren todas las puertas del Universo”. Nadie sabe a ciencia cierta cómo murió Pitágoras. Se dice que murió de repente sobre un bancal de habas, legumbre que los pitagóricos consideraban impura, pero otras versiones dicen que murió tras sufrir una plaga de piojos que terminaron por devorarlo. Quién sabe, tal vez se detuvo a contarlos y se entretuvo en calcularlos.

¡Saludos alumnos y amigos de Talarrubias y alrededores!

Hola amigos de Logos, el blog educativo de la gran aventura del pensamiento humano, ya saben que es la extensión de las emisiones radiofónicas de "Logos", el programa que se emite en Camelot Radio (www.camelotradio.es) todos los días a las 8, 30 y que os podéis descargar gratuitamente siguiendo las instrucciones en www.ivoox.com. El sentido de estas descargas es que os sirvan de apoyo y soporte para repasar los contenidos del curso. Por cierto que los ensayos de los alumnos que me parezcan más adecuados serán publicados en el blog, para que la peña tenga acceso a comprobar lo que piensan los jóvenes de las aulas, en este caso extremeñas. Bueno, la aventura comienza. Un abrazo a todos.

viernes, 2 de septiembre de 2011

EL REGRESO ESTÁ CERCA

         Hola amigos de Logos, dentro de poco volveré a la actividad del Blog, he tenido un verano muy extraño y doloroso. Problemas personales, enfermedad, obligación y escepticismo. No os cuento más por que sé que a las personas no les interesan los problemas de los demás y que cada uno va a lo suyo. Cuando uno bucea en el mundo este de los blogs imagino que no tiene interés en escuchar las penas y los problemas de los demás, por lo tanto, me los voy a callar. 
         Escribo para anunciaros que seguiré con el blog en breve y sumaré a esta actividad otros proyectos que tengo en la cabeza relacionados con la enseñanza de la filosofía, el programa de divulgación filosófica "Logos", en www.camelotradio.es y con actividades relacionadas con los alumnos de secundaria a los que enseño. Todo a partir de la última semana de septiembre.
          Por cierto, la enseñanza está muy jodida, no sé cómo me va a ir el trabajo este curso, se anuncian recortes de profesorado, recortes en los presupuestos ¿volveremos a enseñar en las plazas públicas por un trozo de pan mojado en aceite rodeados de cuatro o cinco gañanes a lo sumo? El gobierno, que ya trata desde hace años de bestializar y analfabetizar a la población, lo está consiguiendo. Los chavales odian ir a clase por que saben que la vida fuera es una puta mierda y en clase se burlan de lo que se le ofrece de conocimiento. Este año va a ser duro. Como diría Nietzsche, será el año del "pulgón inextinguible", de la decadencia de occidente, del advenimiento del anticristo (el nietzscheano, no el del Apocalipsis, no se confundan). La cosa está jodida.Un abrazo para todos.